Faltan escasas dos semanas para que la Asamblea Nacional declare su receso de medio año y suspenda labores por dos meses, hasta el 1 de septiembre. Mientras algunos proyectos de ley parecen recibir una sospechosa celeridad, otros temas ni siquiera llegan a la agenda para su consideración ni en primero ni en ningún debate.
La balanza de eficiencia y repercusión social de la labor legislativa deja mucho que decir, principalmente con asuntos sensibles que merecen atención no solo por sus inmediatos y esperados efectos en la vida nacional, sino porque se trata del cumplimiento del deber de los diputados.
Ya escucharemos abundantes explicaciones para justificar la dilatación de cuestiones conflictivas o que no favorecen la agenda del clientelismo político partidista de nuestros diputados. Veremos entonces cómo no alcanzará el tiempo para la discusión de algunos bien conocidos y álgidos temas. Pero ese sobrado discurso no puede esconder el bochornoso ausentismo y la desidia que invariablemente ganan la batalla al trabajo legislativo. Parece, pues, que seguirán pendientes delicados asuntos que no logran perturbar la acomodadiza agenda legislativa. |