Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Contáctenos
  EL IMPRESO  
Hoy por hoy  
 
   
  Opinión  
  Perspectiva  
  Deportes  
  Mundo  
  Economía y Negocios  
  Vivir +  
  Reseña  
  Sociales  
  Horóscopo  
  Mosaico  
     
  SUPLEMENTOS  
  Ellas Virtual  
  Martes Financiero  
  Aprendo Web  
  Reseña Empresarial  
Pulso de la Nación
  SERVICIOS  
Titulares por
e-mail
Columnistas
Guía del sitio
Tarifas
¿Quiénes somos?
Contáctenos
  TIEMPO LIBRE  
Turismo
De interés
Cartelera de cines
De noche
 
  PÁGINA DEL LECTOR  
Porque nuestros lectores sí cuentan
  CANALES  
Salud
Psicología
Psicología sexual
Bebés
Hogar
Mascotas
Tecnología
Cine
Libros
Farándula
Discos
Reportaje especial
Panamá, domingo 11 de junio de 2006
 

SALUD. ORÍGENES DE LA MEDICINA PANAMEÑA.

Raíces

Cómo han cambiado los hospitales

687671

Sobre este tema, el de las Raíces de la medicina panameña, sí que poseemos muchísimas fotografías, de las cuales ya les hemos presentado algunas cuantas. Poco a poco y para no irlos a fatigar, se las haremos conocer.

Hoy les traemos dos más, una estamos más que seguros fue captada en el ya desaparecido Hospital Panamá, allá en la Avenida Cuba y más precisamente en donde hoy se levanta el edificio Hatillo por el nombre que llevaba parte de la finca sobre la cual se levantó. Creemos que fue el primer hospital privado que existió en el país. Ya nos escribirán o llamarán, los que tengan otras propuestas. La citada institución fue fundada por un grupo de médicos y empresarios estadounidenses y locales. Prestó servicios desde 1919 hasta las cercanías de la década de los 50, cuando expiró. Acerca de él y su historia ya elaboramos un trabajo para esta sección.

La otra fotografía, no estamos seguros a qué hospital corresponde. Si fue tomada alrededor de la fecha de inicios del hospital antes mencionado, debe ser también el Panamá.

El médico que aparece con las manos sobre la camilla del paciente y a vuestra izquierda que va o viene para cirugía es el doctor Alfred Herrick, de los otros tres, tan sólo podemos afirmar que era un interno, los cuales solían ser en los inicios colombianos o centroamericanos. De los otros no nos atrevemos a afirmar.

Así como tampoco del posible familiar que espera al intervenido. La foto es un poco oscura (nos gustaba mucho más esta palabra cuando se escribía obscura).

En la otra fotografía nos encontramos en una sala en donde se tomaban en esos tiempos las radiografías, lo único que no aparece es una vela. El resto nos muestra lo primitivo que era el lugar.

Nótese el abanico que le proporcionaría algo de fresco al paciente que aquí aparece. La cámara que tenía como función tratar de proteger a los encargados de tomar las placas, aislándose para también tratar de evitar las peligrosas y dañinas irradiaciones en ese tiempo en mayor cantidad que las que emiten las modernas instalaciones actuales. Hoy y aun cuando no hay que abusar de ellas, todo está protegido para una mayor seguridad y efectividad.

¿Y qué decir de la otra toma? Primero que hoy al posible familiar del o de la paciente que entra o sale del salón de operaciones no se le permitiría estar en traje de calle tan cerca de los diferentemente vestidos, para tratar de evitar infecciones a los cirujanos.

Estos últimos nada de raro tendría que hubiesen estado en el salón de cirugía con los zapatos usuales, puesto que aún no se cubrían los pies en los salones de operaciones.

El colega (pareciera el doctor Runyan) que está sentado cerca de la cabecera del paciente de seguro que estaba haciendo las veces de un anestesiólogo. Todavía esta rama de nuestra profesión no contaba con especialistas. Era muy usual que hasta empleados (no es el caso de aquí) se les encargase de tan delicada función. Lo importante era conseguir que el paciente se durmiera. ¡Y qué luchas aquellas para conseguirlo!

El anestésico, de seguro, el éter, producía primero una excitación que hasta no vencerla era imposible el poder proceder.

Nos haríamos interminables si tratáramos de relatar las absurdas y dramáticas escenas que aquellas primitivas anestesias proporcionaban.

Si lo que cuelga del techo en una de las fotos de hoy, es la única lámpara existente en este primitivo salón de operaciones, nos podremos imaginar a cuantas más dificultades tenían que enfrentarse los cirujanos. Como médicos internos de servicio en aquellos años, o algo después con humor y dolor recordamos aquellos tiempos.

En cuánto a los empresarios y médicos que se asociaron para fundar y trabajar después en el Hospital Panamá, tenemos que entre los primeros, los que no eran galenos, tenemos a Pedro Arias Feraud, Julio Sosa Fábrega, Ricardo Arias, Manuel Espinosa Batista, Samuel Lewis y José Gabriel Duque y entre los discípulos de Hipócrates a Augusto Samuel Boyd, Alfred Burch Herrick (cirujano general), Williams James (en la parte clínica) D.F. Reeder en ojos, oído nariz y garganta o sea los llamados órganos de los sentidos), Frank Raymond (obstetricia y ginecología), Lawrence Getez (como patólogo), Dr. Runyan (cirujano). Los médicos panameños Alfonso Preciado, Harry Slrienz, Nicolás Solano, Julio Vengoechea (este colombiano) y M.E. Velásquez.

Poco tiempo después se añadieron a la lista anterior los doctores J.J. Vallarino en su calidad de radiólogo, Tomás Guardia en medicina interna, Adolfo Arias, así como Julio Armando Laverge (ginecólogo), Alejandro Pérez Venero (urólogo), también panameños, así como Timoteo Sucescun, Carlos Calero (ecuatorianos) y Arrieta Sánchez (nicaragüense).

Poco a poco se fueron asociando otros colegas más.

Recordemos además que el Hospital Panamá estuvo situado en la misma manzana que hoy ocupa el edificio el Hatillo entre las avenidas Cuba y Justo Arosemena y calles 35 a 36.

La compañía que fue formada para construir el Hospital Panamá fue organizada en el año de 1915, la inauguración de él tuvo lugar el 1 de mayo de 1916.

Su existencia terminó, no recordamos el año preciso pero si que ello sucedió en la década de los años cincuenta como ya también lo dijimos.

Textos: Harry Castro StanziolaFotografías: Ricardo López AriasComentarios: kjimenez@prensa.com


Además en Vivir

Miras vanguardistas
Tec’ a la carte: Tablero para anotar los goles
Tecnología: Tecnología al alcance
Farándula: Vuelven las Spice Girls
Farándula: Posible anticristo sería londinense
Farándula: El mejor busto de Hollywood
Farándula: Spielberg quiere volver a ser pobre
Farándula: Madonna reinventa el ‘backstage’
Raíces: Cómo han cambiado los hospitales
Mascotas: Canes de colmillos fieros
Gente: Los ojos verdes de Aishwarya Rai
Arte: Las palabras del pastor
Arte: Más Picasso en Málaga
Estreno de la semana: Guía espiritual para vendedores
Cine: Cine latinoamericano en Bruselas
Cine: Novela del guionista de ‘Amores perros’
Cine: Hoy, en el festival de cine israelí
Cine: ‘Pudor’, otro libro al cine
Moda: Vivienne Westwood será investida dama
Moda: Tribales e históricos
Moda: Defender la Amazonía
Eventos: La Cenicienta del ABA, baila y canta
Televisión: Polleras en las pantallas de ‘TVN’
Televisión: Llegó ‘The Hot Chick’
Televisión: Más ‘teles’ en España
Salud: Suave con las barras
Hágalo Ud. mismo: Limpiador de menta



 
 
 
 
    BUSCADOR  
Google
Web
prensa.com
 
© 2006. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222 | prensa.com: 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá