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Reportaje especial
Panamá, domingo 11 de junio de 2006
 

LA POBREZA DEMUESTRA POR SÍ MISMA LA INJUSTICIA.

Guerra, hambre, riqueza y justicia

Carlos Rodríguez Braun

Citó el escritor Gúnter Grass a Willy Brandt – "también el hambre es guerra"– y añadió: "no necesita hacer una guerra quien controla el mercado de los alimentos básicos y decide sobre la deficiencia y la abundancia, porque fija los precios".

Si la violencia desatada fue siempre combustible teórico del Estado, desde Hobbes, en nuestro tiempo registra una reveladora hipertrofia. Con referencia a los accidentes laborales se llegó a hablar de "terrorismo empresarial", por ejemplo, lo que es un disparate, y a propósito de los accidentes de tráfico he escuchado a alguien condenarlos como "terrorismo vial", lo que es una locura. Pero no se trata de disparates o locuras al azar, porque siempre apuntan en la misma dirección: a favor de mayor poder para los políticos, los burócratas y el Estado. Lo mismo sucede con ambos ilustres alemanes, en los que quizá subyazca asimismo la idea de disolver la "guerra" en algo más amplio que lo que desató cruelmente, sin ir más lejos, Alemania, de cuyo régimen nazi Grass fue, como es sabido, partidario.

El hambre no es una guerra, salvo que se trate de guerra del poder contra la gente: allí quizá no sea tan incorrecto utilizar esa expresión y decir que el comunismo guerreó contra sus súbditos y los mató de hambre. Pero esta idea es poco frecuentada, porque de lo que se trata en general es de condenar guerras capitalistas, de los ricos contra los pobres, del norte contra el sur, de las multinacionales contra el Tercer Mundo, y muy rara vez de los gobiernos socialistas contra sus propios pueblos. Eso no es progresista. Lo progresista es acusar al capital que "controla el mercado" y "fija los precios". Sin embargo, a la hora de controlar y de fijar, todo sugiere que no es el capital el que descuella en tal tropelía sino, mire usted por dónde, los gobiernos. ¿Querrá don Gúnter Grass desmantelar la Política Agraria Común, los subsidios, los aranceles proteccionistas y los numerosos mecanismos mediante los cuales las autoridades en todo el planeta controlan el mercado y fijan los precios?

Riqueza y justicia. Ariane Arpa, directora de Intermon Oxfam, aseguró que nacer en España, donde hay riqueza, es una "injusticia".

La injusticia requiere que una persona viole la justicia. Si yo le robo el bolso a doña Ariane, se trata de una patente injusticia: hay una víctima clara y un culpable igualmente claro, no genérico, sino personal. No sería justo que me quedara con algo que no es mío, sino de la señora Arpa. Mi "riqueza" sería en tal caso indudablemente injusta, y la ley debería redistribuir los bienes para lograr la justicia. En efecto, sólo hay una circunstancia en donde es justo que nos arrebaten lo que tenemos: si lo hemos robado. Pero si no, no. Entonces, la única forma de demostrar que la riqueza es "injusta" es sostener que toda ella ha sido robada, que la pobreza demuestra por sí misma la injusticia, que el Estado debe intervenir todos los bienes y que la sociedad está formada por grupos genéricos cuyas características demuestran por sí mismas que son víctimas hasta que llegue el poder político y controle las libertades y propiedades de sus súbditos a cambio de concederles derechos merced a los cuales puedan dejar de ser víctimas. Dirá usted: esta argumentación es una apología del totalitarismo, y jamás la sostendría una persona progresista y solidaria como doña Ariane Arpa. Yo me limitaré simplemente a citarla: "La pobreza o desigual distribución de la riqueza es causa de injusticia…Todas las leyes sobre colectivos o grupos sociales son proteccionistas, pues tales colectivos o grupos sociales son víctimas: del patriarcado (las mujeres), de la explotación (el proletariado), víctimas del genocidio (las minorías ‘étnicas), de la homofobia (lesbianas y gays)... Sí, las leyes son proteccionistas cuando reconocen derechos, pero si se reconocen esos derechos se deja de ser víctima".

Firmas Press

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