| COMBATE DE LA CORRUPCIÓN.
Deber y responsabilidad primaria
Rafael Pittí
No soy San Rafael ni un impoluto, soy un hombre con defectos, pero un político que siempre trata de actuar con la mayor decencia y honestidad posible, es por ello que me indigna y causa sinsabor el método sistemático y concurrente en el que algunos comunicadores y personajes autodenominados, "apolíticos o independientes" descalifican y estigmatizan con toda clase de epítetos a quienes con carácter de permanencia, estamos accesibles y dispuestos (salvo raras excepciones) a atender, orientar y hasta desprendernos de parte de nuestras finanzas, para apoyar o paliar algunas de las necesidades de quienes en determinado momento nos abordan y convocan.
Y es que para quienes hablan de los partidos y de los políticos, pero quieren acceder al poder sin compromisos de ninguna naturaleza, jamás podrán entender esta realidad, pues siempre han estado divorciados del pueblo y sus necesidades.
Por ello como mecanismo y fórmula exitosa se la pasan difamando y desprestigiando a los funcionarios y servidores públicos, que como diariamente están en la palestra, son víctimas y presa fácil para saciar sus insaciables apetitos y oscuros intereses. No trato con esta exposición hacer defensas a ultranzas ni mucho menos, pues de que los hay, los hay; lo que pretendo es señalar que estos individuos guardan silencio cómplice o una actitud timorata, ante tantos abusos y atracos que diariamente se le ocasiona a la población.
Un ejemplo de ello está relacionado con el hecho de omitir los nombres de empresas y estaciones de combustible detectadas en actividad de venta fraudulenta, los locales comerciales sorprendidos, que vendían más de 5 mil productos vencidos, todas estas acciones emprendidas y descubiertas por la nueva entidad de Defensa al Consumidor. Pero esto no es nada, están algunos contratos y préstamos que con argucias legales leoninas, atracan sin pudor a clientes indefensos. Las cifras descubiertas por el MEF donde empresas declaran millonarias cantidades en donaciones y las fundaciones o beneficiarios del mismo manifiestan o presentan sumas irrisorias incompatibles, dejan claras evidencias de evasión de impuestos. Qué decir de la cantidad de bancos y corporaciones quebradas de manera dolosa, y los principales protagonistas se pavonean alegremente por la ciudad. Porque "aquí no pasa nada". Es por ese motivo que toda la culpa se la atribuyen a los políticos convertidos en autoridades. ¿Y saben qué? Tienen razón, porque es nuestro compromiso y obligación erradicar toda la podredumbre e inmundicia que salpica y embarra a quienes piensan que la acumulación de riqueza y la opulencia es arma permanente de dominio y poder.
La muerte de la madre del señor Garzón y otros ejemplos negativos en materia de la justicia, son hechos que producen efectos de amargura e impotencia. Ante esta disyuntiva, a los afectados, en un momento dado, solo les queda pensar que su única alternativa será, ¡tomar venganza por sus propias manos!
Dejemos de un lado las posiciones sectarias y excluyentes para abordar en toda su dimensión este grave problema; el tema de la corrupción es un problema social por acción u omisión. Es deber y responsabilidad primaria de los gobernantes combatirla desde adentro y, por supuesto, desde afuera. El jefe del Ejecutivo está demostrando con ejemplos tangibles que tiene la voluntad y actitud para disminuir la corrupción a su mínima expresión y es deber de todos apoyarlo en esta ineludible cruzada.
El autor es servidor público
Además en opinión
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