El rostro de la educación no siempre aparece lozano, Kuna Yala celebra angustiosamente los 50 años de su primera escuela, hoy a punto de caerse. La realidad en las zonas comarcales e indígenas no solo son pobreza extrema y abandono, incluye también la falta de herramientas educativas y medios para superar esa brecha abismal que excede el 90% de carencias.
Voltear el rostro no alivia la agonía de nuestros conciudadanos que intentan forjarse un futuro entre enseñanza básica e infraestructura precaria o inexistente. Voluntad acompañada de esfuerzo, pero con prontitud en la acción.
Ello permitirá no solo reconstruir el centro de estudios sino difundir las bondades del conocimiento para aminorar el recalcitrante empobrecimiento de la zona y contribuir al crecimiento de una población que tiene mucho que aportar cultural, social y humanamente al resto de los panameños. Hablemos de soluciones largoplacistas y remedios permanentes, no meramente parches que se caen con el siguiente chaparrón.
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