| IDENTIDAD NACIONAL.
Un nuevo sentido de ciudadanía
I. Roberto Eisenmann, Jr.
El Canal, que ha sido el objeto de lucha de todas las generaciones de panameños, nos ha brindado un sentido de unidad... pero ha sido una unidad propia de las víctimas de un imperio. Nuestra unidad ha sido anti... el David luchando contra el Goliat. Fue la sangre derramada por los institutores en 1964 y la patriótica reacción de un Presidente de la Dignidad, Roberto F. Chiari y su representante en Washington, Miguel J. Moreno, lo que cambió todo y nos puso en el buen camino hacia una nueva relación culminada con los Tratados Torrijos-Carter. En 1999 ¡por fin! se nacionalizó el Canal. Es nuestro y lo hemos manejado mucho mejor que ellos, los norteamericanos (aceptado por ellos mismos) y ahora, los panameños que lograron ese milagro con sentido de patria, nos proponen una expansión del Canal.
Se inició el debate y a medida que pasan los días más y más panameños y panameñas opinan sobre el Canal... y por carambola sobre el futuro del país. Alguien me comentaba el otro día con algún cinismo: "resulta que ahora todos somos expertos sobre el Canal", a lo que contesté ¡magnífico! Si somos los dueños, debemos estar todos conectados. Debemos estudiar los documentos a favor y en contra. Debemos informarnos. Debemos visitar nuestro Canal... conocerlo a fondo. Debemos todos -en fin- ser expertos sobre el Canal y pensar todos, en profundidad, qué es lo mejor para nuestro país.
Yo recibo con gran alivio un nuevo sentido de ciudadanía en los panameños; un sentido más profundo de identidad nacional. Así como se nacionalizó el Canal, vamos nacionalizando la política. Hay un nuevo espíritu nacional. Ya no somos víctimas de imperio alguno. Somos ahora dueños absolutos de nuestro propio destino. Ya la lucha no es anti, sino pro. El ajuste ya lo vamos sintiendo.
Como dijo una vez Kennedy: "lo que nos jugamos en nuestras decisiones económicas de hoy no es una guerra pasional de ideologías rivales, sino las decisiones prácticas que requiere una economía moderna". La soberanía no reside necesariamente ahora en un solo lugar. Nuestra soberanía panameña reside en cada barco que transita nuestro Canal al mando de un capitán panameño, reside en cada barco de nuestra Marina Mercante por todo el mundo donde ondea nuestra tricolor. Reside en cada sociedad panameña que comercia en el mundo, en cada uno de los modernos puertos internacionales de Panamá. En fin, nuestra soberanía se ha consolidado no solo en todo nuestro territorio, sino que además se ha mundializado... cosa que nos debe producir un gran orgullo patrio.
Como el progreso requiere de pasión, apasionémonos con nuestro país y su bien ganado prestigio internacional. El genio político de nuestro pueblo es más instintivo que deliberativo. Sentimos nuestra bien ganada soberanía mundializada. Tenemos ahora una vibrante sociedad que tiene -como dijo Tocqueville - "hábitos del corazón" de los que depende nuestra nación y su duramente ganada democracia.
Ahora nos toca una decisión soberana sobre nuestro futuro como nación. No es solo la expansión del Canal; es también nuestro nuevo sentido de ciudadanía que exigirá que el producto canalero se invierta en las prioridades escogidas en consenso nacional por nosotros, con un también estricto monitoreo efectuado por nosotros, los ciudadanos.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• Un nuevo sentido de ciudadanía: I. Roberto Eisenmann, Jr. • Juventud en éxtasis: Sibila Ortiz Perigault • Una gran encrucijada: Rómulo Castro García • Aumenta la delincuencia, ¿qué hacer?: Ameth Cerceño Burbano • El fin de un suplicio: Irene Hernández González
|