Las autoridades estadounidenses respiran euforia. Después de tres años de una compleja y criticada operación bélica en Irak, plagada de escándalos, ayer pudieron anunciar un éxito rotundo contra la red terrorista Al Qaeda.
La muerte de Abú Musab Al Zarqawi, el que era líder del movimiento de Bin Laden en Irak, es un triunfo que necesitaba Washington para demostrar que su estrategia bélica sí tiene sentido.
Este conflicto ya se ha cobrado más de 40 mil víctimas mortales civiles y en territorio iraquí se han enterrado miles de bombas y recursos multimillonarios –serán 600 mil millones de dólares al final del conflicto según los cálculos independientes, entre guerra y reconstrucción-.
Ojalá que la muerte de Al Zarqawi sirva para debilitar las acciones terroristas impulsadas por Bin Laden, porque mientras esto no ocurra, el mundo seguirá expuesto a ataques y contraataques, a la inestabilidad política y económica, y, lo más grave, a que siga creciendo el odio profundo y la brecha entre la sociedad occidental y el mundo islámico. |