| VIOLONCHELISTA. PRECISIÓN ARMÓNICA.
Música
Prieto triunfa en China
El mexicano que había dejado la ingenería empresarial por la música interpretó un repertorio variado en Beijing.
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BEIJING, China/EFE
El mexicano Carlos Prieto, considerado uno de los genios vivos del violonchelo, emocionó con su técnica precisa y cristalina al público de Beijing, cuya respetuosa y apasionada reacción sorprendió hasta al propio músico.
Prieto (Ciudad de México, 1939), acompañado por el gran pianista nacionalizado mexicano Edison Quintana (Montevideo, 1940), dejó claro la noche del viernes por qué la élite lo califica como "hombre del renacimiento" de técnica "ilimitada y virtuosa".
Abrazando con puro amor su Stradivarius, Prieto extrajo con precisión cirujana todas las posibilidades del instrumento en la Sonata para violonchelo Opus 8 (1915), de Zoltán Kodály, después de preparar el ambiente con la Sonata en D menor Opus 40 (1934) de Dmitri Shostakovich. Siguieron los Tres Preludios (1929) y la sencillez melódica de Canción en el puerto (1995), de los mexicanos Manuel M. Ponce y Joaquín Gutiérrez Heras respectivamente, y elevó los espíritus con Le Grand Tango (1982) del argentino Astor Piazzolla.
Un guiño al público chino: Romance de Hsiao y Chin (1995), de la compositora Chen Yi (Cantón, 1953), fuera de programa, convenció a un público inusual, por docto, sensible y entregado.
En pie, sus aplausos arrancaron del arco de Prieto dos piezas más: una de Sergei Rachmaninov, que hizo suspirar a dos jóvenes melómanas y la Milonga de Piazzolla.
"No conocía a Prieto. He venido porque estoy muy interesado por el sentimiento de la música", declaró Liu Wenxuan, un ingeniero de 72 años y que hasta la edad de 40 no salió de prisión, dice que acusado injustamente por los comunistas. "Creo que nuestro país necesita la energía de la cultura, como han hecho los japoneses. Nunca he perdido el entusiasmo y creo en la evolución de la mente", prosiguió Liu, inspirado por el chelo.
Extrema sensibilidad, pasión y matemática forjan la claridad meridiana del arco del mexicano.
Prieto, que dejó su carrera de empresario ingeniero por su pasión por el Stradivarius ("decidí que si no volvía al chelo, me arrepentiría el resto de mi vida") viajó a China por tercera vez, desde 1979 cuando inició su aventura musical en el país de Oriente.
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