| PREOCUPANTE PROFECÍA.
Democracia y oposición política: el huevo y la gallina
Emilio García Méndez
Una preocupante profecía amenaza con instalarse como realidad en la región. Si defino un problema como real, aunque no lo sea, sus consecuencias son reales establece el "Teorema de Thomas", un sociólogo americano de la década del 50 del siglo XX (W.I.Thomas). Por motivos que lejos están de ser plenamente comprensibles, en algunos países de América Latina los medios de comunicación están colaborando activamente con la instalación de una peligrosa y preocupante idea. La inexistencia de una oposición política significativa, y, en consecuencia, de proyectos alternativos, a la par que pone seriamente en peligro la calidad y funcionamiento de las instituciones, constituye una buena fuente de legitimación de gobiernos que transitan por los límites de una república democrática. Afirmaciones como esta resultan empíricamente comprobables.
Pero el debate de fondo debe surgir, sin embargo, en torno a la causa eficiente de dicha situación. Mientras en el campo de los fenómenos naturales, los mismos existen independiente de mi percepción, en el campo de lo social la percepción de un fenómeno constituye un elemento co-constitutivo del mismo. Me explicaré mejor. Si caliento un metal, se dilata. Para esta dilatación mi percepción resulta indiferente. Una compleja referencia a temas de física molecular o la remisión a un pensamiento mágico-primitivo, según el cual cada vez que un metal se calienta un duende en su interior se mueve y lo expande, resultan irrelevantes para explicar un fenómeno que de todos modos acontece. Radicalmente distinta es la situación en el mundo de lo social. Un fenómeno como el del sida, puede ser percibido, tanto como una amenaza a la seguridad nacional, cuanto como un gravísimo y prioritario aspecto de salud pública. Cualquiera de las dos percepciones, acabará por ser un elemento decisivo en la constitución real del problema.
Volvamos ahora al tema que nos ocupa. ¿Es la ausencia de oposición y de proyectos, la causa del deterioro y fragilidad de las instituciones democráticas o resultan por el contrario la fragilidad y el vaciamiento de las instituciones democráticas, el motivo determinante para explicar la ausencia de una oposición consistente que permita robustecer el funcionamiento del estado democrático de derecho? Es probable que en la relación histórica que las sociedades establecen con el funcionamiento de la ley y sus instituciones, se encuentre una clave importante para responder al interrogante planteado.
No se trata en modo alguno de obligar a los medios de comunicación a tomar partido en un debate como este que, en definitiva, corresponde al plano de la política. Se trata si, sobre todo para aquellos medios que declaran la importancia de la responsabilidad social, de no banalizar y simplificar una cuestión notablemente compleja.
Una oposición frágil sin proyectos ni imaginación puede verificarse en cualquier contexto político, desde el más adverso hasta el más favorable. Sin embargo, en sociedades que perciben el decisionismo y la discrecionalidad como valores intrínsecamente positivos a los efectos de la eficiencia y la gobernabilidad, la oposición y los proyectos alternativos constituyen obstáculos a ser removidos y problemas a ser "resueltos". La falta de oposición (o la percepción de su inexistencia, lo que a esta altura sabemos que no es lo mismo, pero es igual como dice Silvio), no está "democráticamente" distribuida entre todos los países de la región.
Para toda explosiva mezcla de democracia plebiscitaria y coyuntura económica favorable, la desarticulación por cualquier vía (también la dádiva y la cooptación), de cualquier proyecto alternativo en cualquier campo de la vida política y social, constituye una prioridad a la que se le dedican ingentes esfuerzos. Cuando el número desnudo sustituye a la idea del consenso en el horizonte de la legitimidad, la "inexistencia" de oposición y de proyectos alternativos, constituyen objetivos prioritarios a ser alcanzados. Solo los "cerebros" políticos de las democracias plebiscitarias saben el trabajo y los esfuerzos que cuesta verificar y lamentarse por la ausencia de oposición. Pero no todo es homogéneo en el reino de las democracias plebiscitarias de la región. Es probable que a mayor fragilidad y conciencia de volatilidad de la base económica de sustentación de gobiernos con vocaciones hegemónicas, mayores sean los esfuerzos por construir remedos de "alianzas, frentes y concertaciones",que como toda mentira tendrá las patas bien cortas.
Abrir las tranqueras y llorar porque se escapan los bueyes, es una vieja maña que todavía tiene adeptos y todavía da resultados.
El autor es abogado y profesor de la Universidad de Buenos Aires
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