| DÍA DEL MÉDICO.
Ser resistente por excelencia
Agustín Luna
Como parte de los irrefrenables cambios personales, culturales, sociales y gerenciales que de forma sostenida ocurren en el planeta, surgen nuevas voces que expresan conceptos y actitudes, ya presentes en la humanidad por muchos siglos, pero que no habían sido definidos y puntualizados. Uno de ellos es el vocablo anglosajón: resiliente o resiliencia, que es aplicado a materiales, pero sobre todo a los seres humanos (¿será el barro original?). Esencialmente se trata de: "tener la habilidad de recuperar rápidamente las fuerzas, el espíritu, el buen humor" o "flexibilidad, adaptación al cambio, manejo del riesgo", entre otras acepciones.
En la profundización de sus características y sobre todo la aplicación en las actitudes, el carácter y el espíritu, veremos la asombrosa confluencia de los mismos en el complejo escenario de la medicina, los pacientes y sobre todo en el ser médico.
Estos conceptos se ponen en práctica, en forma intuitiva, desde la primera visita en que el médico debe tener la habilidad de interpretar, comprender y compartir la realidad del paciente para poder ayudarlo, consolarlo y curarlo. Posteriormente con las primeras acciones concretas cuando le solicitamos al paciente: "por favor tenga calma, respire suave, explíqueme qué le pasa"... para luego servirle de soporte físico, emocional y así iniciar la relación médico-paciente. Estos pasos son la base para "encontrarle un significado a los tiempos difíciles", otra de las premisas del ser resilliente. Igualmente al realizar el tratamiento integral para la enfermedad, y enfrentar a la muerte, iniciamos el camino hacia la salud y hacia la vida.
En nuestra práctica diaria, hacemos nuestras las características de "interpretar constructivamente, adaptarse positivamente, obtener recursos externos de soporte y desarrollar la capacidad de tomar decisiones adecuadas", cada vez que atendemos a nuestros pacientes; las mismas nos hacen ser cada día más tolerantes lo que nos permite poder realizar los roles necesarios para cumplir nuestra misión. Paralelamente la aplicación de estos principios nos alejan del llamado desgaste o burn out que padecen algunos profesionales.
Progresar constantemente en consonancia con los avances científicos y tecnológicos para brindar el mejor tratamiento a nuestros pacientes, "asegurándonos de la calidad y buen funcionamiento del sistema", ya sea en el hospital, policlínica o centro de salud, y hacerlo en forma coordinada e integral, es parte de los valores y de la misión de todo médico. Incluso, al desarrollar la "habilidad de arreglárselas con lo que se tiene a mano", en estos tiempos de tanta discontinuidad en los soportes técnicos y farmacéuticos, el médico se identifica en su práctica diaria con el ser resiliente.
Así como de complejo es el concepto de la resilliencia y el de ser resiliente, más compleja y profunda es esa relación médico-paciente que a pesar de todo lo que a su alrededor ocurra, debe triunfar para lograr su objetivo: Retomar el camino de la salud y la vida.
El autor es presidente de la Sociedad Panameña de Hematología
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