| GRUPO DE APOYO PARA PANAMÁ.
Cabildeo en Washington
678614Betty Brannan Jaén
WASHINGTON, D.C. –Es obvio que el nuevo Grupo de Apoyo a Panamá en el Congreso estadounidense –en inglés, el "Panama Caucus"– es principalmente obra de los cabilderos que el gobierno de Martín Torrijos contrató en octubre del año pasado a tasa de $25 mil al mes para gestiones ante el Congreso. (Para gestiones frente al Ejecutivo está el panameño Raúl Romero, a $26 mil al mes, y la Autoridad del Canal tiene a Edelman, a $70 mil al mes. Para servicios legales y de cabildeo, el bufete Arnold and Porter ha tenido por años un contrato que cuesta más o menos $80 mil mensuales).
Como reporté el 5 de noviembre de 2005, los cabilderos ante el Congreso, The Washington Group, dijeron desde el principio que uno de sus compromisos bajo el contrato era la creación de un "Panama Congressional Caucus". Para hacerlo, dicen documentos estadounidenses, The Washington Group buscaría a congresistas de ambos partidos de distritos con fuerte interés comercial en Panamá o en el Canal. Eso explica que Jerry Weller, co-presidente del "caucus", destacó en la recepción de lanzamiento el miércoles que una de las empresas en su distrito es Caterpillar, fabricante de tractores y equipo pesado, que ve grandes oportunidades en la ampliación canalera.
¿Para qué sirve un "Grupo de Apoyo a Panamá" en el Congreso? A corto plazo, es un vehículo para movilizar y canalizar respaldo para el tratado de libre comercio (TLC) con Washington, que requerirá la aprobación del Congreso. Estos "caucuses" están de moda como paso preliminar a la aprobación de un TLC. Bahrain, Marruecos y los países andinos tienen sus "caucuses"; países como México y Taiwan, con larga experiencia de cabildeo efectivo en Washington, también tienen los suyos.
Pero el caucus panameño, me comentó un observador astuto, tiene un título que no se refiere específicamente al TLC, sino que tiene una mira más amplia: "The Panama Caucus for Trade, Security, and Economy" [Grupo de Apoyo a Panamá para Comercio, Seguridad y Economía]. La idea, según parece, es crear un vehículo de apoyo que tenga vida más allá del TLC. Por ello, un comunicado de la Embajada de Panamá en Washington señaló que con esto se establece "una presencia permanente en el Congreso". Si gobiernos futuros mantienen vivo el "caucus", opinó la fuente, siempre habrá alguien en el Congreso a quien Panamá puede recurrir para lidiar los temas del día.
¿De verdad sirven para algo estos "caucuses"? "Depende de los congresistas que lo lideren", me contestó el mismo observador. Si los congresistas son serios e influyentes, pueden servir de mucho; sino, es causa perdida. En este caso, Weller (republicano de Illinois) tiene rango influyente en el Comité de Relaciones Internacionales de la Cámara de Representantes, pero no me parece una lumbrera del Congreso. (¿Y qué significado debemos atribuir al hecho de que en 2004 Weller se casó con una hija del notorio ex dictador militar de Guatemala, Efraín Ríos Montt?) El otro co-presidente, Jim Matheson (demócrata de Utah) tampoco tiene alto perfil.
Durante esta visita a Washington, el vicepresidente y canciller Samuel Lewis Navarro insistió en que él no estaba "promoviendo" la ampliación del Canal, porque solo los panameños decidirán el tema. Sin embargo, la ampliación ocupó un lugar central en las presentaciones que yo vi y todas sus declaraciones presentaban el proyecto no de manera neutral, sino en términos favorables. En una entrevista el jueves, pregunté si este era el rol correcto para un ministro de gobierno. Lewis respondió que el Canal es central a la "nueva proyección del país, que busca entrelazar la política exterior con la política de desarrollo". (Ver La Prensa, 19 de mayo).
Lewis también afirmó que los cabilderos solo sirvieron de apoyo a la Embajada panameña en Washington en la creación del "caucus" de Panamá en el Congreso.
Del voto en las Naciones Unidas para que China y Cuba ingresaran al Consejo de Derechos Humanos, Lewis negó categóricamente que había algún compromiso "escondido" de por medio y enfatizó que Panamá no había intercambiado su voto. Quizá si lo hubiera hecho, la candidatura panameña para el PNUD (Programa de Desarrollo) no hubiera fracasado, admitió Lewis.
Aun sin trueque secreto, sin embargo, no me convence el argumento de que "todos los gobiernos tienen derecho" de que los coloquen (como la zorra guardando las gallinas) en posiciones que fortalecen el abuso de sus ciudadanos. Sigo creyendo que ese voto mostró poco compromiso humanitario.
La autora es corresponsal de La Prensa
Además en opinión
• Panamá ¿en el primer mundo?: Xavier Sáez-Llorens • ¿Examen de Certificación Profesional?: Eduardo L. Lamphrey J. III • Cabildeo en Washington: Betty Brannan Jaén • Pedagogía de la ampliación: Olmedo Carrasquilla II • Ser resistente por excelencia: Agustín Luna
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