| ELECCIÓN PRESIDENCIAL.
Perú a la segunda vuelta
Nicolás Águila
Perú se está jugando su futuro democrático en estas elecciones 2006. Y en cierto sentido también, su destino como nación. En el balotaje, o segunda vuelta prevista para el 28 de mayo, los peruanos votarán a favor o en contra de Ollanta Humala y escogerán entre la democracia imperfecta o la perfecta autocracia dictatorial. Se pronunciarán, mediante el sufragio, por un Perú perfectible o por su hundimiento en el modelo del nacionalismo populista de corte totalitario.
Frente a quienes, dentro y fuera del país, observan con nerviosismo las elecciones en la nación andina y trazan funestos escenarios postelectorales, pienso sin embargo que existen sobradas razones para no perder la fe en el buen juicio del pueblo peruano. No sólo la democracia no será derrotada en el balotaje, sino que de hecho ya salió vencedora en la primera vuelta.
Si nos quedamos con una lectura negativa de los comicios del 9 de abril, la noticia sería que ganó el izquierdismo populista, representado por la izquierda autocrática militarista que encabeza Ollanta Humala (UPP) y, al otro extremo, por la izquierda democrática aprista liderada por Alan García (APRA).
Pero si nos decantamos por una lectura positiva, podríamos concluir que en definitiva vencieron las fuerzas democráticas del ex presidente García y la candidata Lourdes Flores Nano (UN), cuyas agrupaciones políticas suman la mitad de los escaños en el Parlamento.
El humalismo, aunque haya quedado en primer lugar en la primera ronda, dista mucho de tener asegurado el triunfo presidencial en el balotaje si los factores políticos que se le oponen relegan sus diferencias a un segundo plano y se colocan a la altura del momento histórico. Ante la virtual eliminación de Flores Nano como candidata finalista, se impone un cambio de percepción y actitud.
Alan García va a ser, casi seguro, el candidato de los demócratas en la segunda vuelta, y es a él a quien debe apoyarse sin reservas en esta hora crucial, incluso por parte de aquellos que no olvidan su desastroso desempeño anterior y lo siguen considerando una mala opción para ocupar la silla presidencial.
Las huestes de Lourdes Flores deben respaldar al ex presidente García con el mismo entusiasmo con que los simpatizantes apristas deberían respaldar a la lideresa de la Unión Nacional, en el caso ya bastante improbable de que ésta fuera a la segunda vuelta.
A pesar de haber presentado indiscutiblemente las mejores credenciales y el programa más serio, la campaña de Flores Nano no resultó lo suficientemente persuasiva como para granjearse el respaldo mayoritario del pueblo. Tachada por sus adversarios como "la candidata de los ricos", su derrota nos enseña una lección que hay que tener presente no sólo con vistas a la segunda vuelta del 28 de mayo (o en su defecto, el primer domingo de junio), sino también en futuras campañas electorales.
El electorado peruano, como prácticamente en toda América Latina, está mostrando un fuerte rechazo hacia los políticos que no incluyan en su agenda amplios programas sociales. De ahí que desconfíe de las bondades del neoliberalismo, a tal punto que se ha disparado alarmantemente la tendencia al neopopulismo de izquierda.
Más que la defensa apasionada de las políticas neoliberales o del recién firmado TLC con Estados Unidos, la primera prioridad de los demócratas peruanos en este instante crítico de su historia es ganar las elecciones. Lo demás se discute después.
Se han puesto objeciones, y creo que con razón, al lanzamiento de una concertación política a modo de alianza para enfrentarse al humalismo en la segunda vuelta electoral. La idea de la concertación es aún prematura, apenas dos semanas después de una enconada campaña entre el APRA y la UN, cuyas bases electorales son esencialmente contrapuestas. Y muy probablemente, resultaría políticamente contraproducente para la candidatura de Alan García.
Hay que tener en cuenta que si los sondeos antes del 9 de abril indicaban que en la redistribución de los votos para la segunda vuelta Flores Nano saldría más favorecida que el ex presidente García en el duelo final con Humala, la realidad actual tiende a ser distinta y aparentemente el candidato aprista está en mejores condiciones de captar votos de los partidarios de la UN, de los indecisos y de los que votaron en blanco o nulo en la primera vuelta.
El relanzamiento del Frente Social de Alan García, visto pragmáticamente aunque suene un tanto demagógico, constituye la mejor solución como alternativa de "democracia con justicia social" frente al populismo totalitario.
Según el justo parecer del ex presidente del Congreso y del PPC, Antero Flores-Aráoz, la concertación tendría más sentido después de los comicios, una vez instalados el próximo gobierno y el nuevo parlamento.
Gane quien gane, la idea de la concertación debe ir encaminada, como en Chile bajo otras circunstancias, no sólo a la búsqueda de una alianza táctica de gobernabilidad, sino al blindaje político permanente de la democracia peruana. La convocatoria a una Constituyente por parte de Humala parecería descartada a falta de una mayoría parlamentaria cualificada de la UPP y sus posibles aliados.
Pero si llegara al poder el líder nacionalista con su "programa" lleno de vaguedades peligrosas, no hay que dudar que intentaría cambiar a su antojo las reglas del juego sin escatimar ningún medio para lograr el fin.
Por otro lado, Humala ha lanzado la amenaza de que en caso de perder las elecciones sucedería lo mismo que en Bolivia, prometiendo desbancar en menos de un año al presidente que fuera electo. O sea, que no oculta sus intenciones de romper las reglas del juego sobre la alternancia en el poder y amenaza con repetir las tácticas agit-prop de Evo Morales, dirigidas a la desestabilización y eventual derribo de los gobiernos elegidos democráticamente. Del discurso simplón antinorteamericano, antisistema y antimercado, según el prontuario del Foro de Sao Paulo, pasaría a la praxis del asalto al poder mediante técnicas fascista-leninistas.
Perú se juega su futuro democrático en este balotaj. Se está jugando ciertamente su destino como nación en estas elecciones 2006. La segunda vuelta no debe convertirse en una vuelta atrás.
El autor es periodista cubano radicado en España
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