La seguridad es un globo de gas sensible a la opinión pública que crece o mengua en función de actos delictivos de impacto y ausencias policiales notorias. Por eso es tan contraproducente que las áreas más turísticas sean campo de práctica de maleantes.
La sensación de seguridad es un todo no divisible. No podemos hablar de la necesidad de seguridad para las inversiones, como si para los turistas y locales la misma fuera irrelevante. Si bien es cierto que hay zonas más sensibles, grupos que multiplican la noticia más que otros, la inseguridad –en cualquiera de sus percepciones– golpea la economía y el desarrollo del país.
Por ello, permitir que un turista se lleve una imagen de inseguridad, es un lujo que no nos podemos dar. Sucesos delictivos en Panamá Viejo, en Camino de Cruces, en San Felipe o en Colón no son la mejor entrada para esta ruta por descubrir. La estrategia de seguridad nacional debe incluir a la Policía de Turismo para que se sienta su presencia, pues cuando está, ayuda y muestra la cara amable de Panamá. |