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Reportaje especial
Panamá, martes 16 de mayo de 2006
 

CUANDO IMPERA EL SILENCIO.

China sigue negándose a revisar su Revolución Cultural

Andreas Landwehr

Beijing. -Cuarenta años después de que comenzara la gran Revolución Cultural proletaria, en China impera el silencio. El Partido Comunista (PCCh) ha dado órdenes de no mencionar estos días el capítulo más oscuro de su historia. Y de todos modos, los antaño guardias rojas que propagaron el "terror rojo" por el país no quieren que se les recuerde las siniestras acciones que cometieron.

"Hasta hoy no ha comenzado un autoexamen nacional sobre esta catástrofe", afirma el autor crítico con el régimen y antiguo profesor de filosofía Liu Xiaobo, uno de los fundadores del PEN-Club en China. "El gobierno no permite una discusión abierta, las víctimas no quieren recordarlo y los perseguidores no están dispuestos a arrepentirse".

Aunque la Revolución había comenzado como movimiento de extrema izquierda años antes, se considera como su pistoletazo de salida oficial una circular interna del PCCh del 16 de mayo de 1966. En ella, el politburó declaraba la guerra a los "representantes de la burguesía" que se habían infiltrado en el partido, el gobierno, el ejército y en ámbitos de la cultura.

Lo que en realidad perseguía Mao Tsetung con ello era deshacerse de sus adversarios y retomar el control tras el fracaso del Gran Salto Adelante de 1958 y la hambruna que provocó este plan, que hoy en día se calcula costó la vida a unos 30 millones de personas.

En agosto de 1966, el "Gran Timonel" movilizó a estudiantes y escolares que, con su "biblia de Mao" en la mano, seguían al dirigente comunista como si fuera el líder de una secta. Con su cruzada contra las "viejas ideas, la vieja cultura, las antiguas costumbres y prácticas", llevaron al país al caos y la anarquía.

Denunciaron a los "enemigos de clase", a los que empujaban cual ganado por las calles y mataban a golpes. Muchos de los perseguidos acabaron suicidándose. Millones de personas fueron obligadas a trasladarse al campo. Hasta hoy día no está claro el número total de víctimas.

Junto con la Banda de los Cuatro de su esposa Jian Qing, Mao instauró el estado de excepción permanente, mientras que otros dirigentes del partido manifestaban ya a comienzos de los años 70 su disposición a retornar a la normalidad. Sin embargo, sólo la muerte de Mao en 1976 y el arresto, poco después, de la Banda de los Cuatro puso fin a la Revolución Cultural.

Se echó la culpa de sus excesos a la Banda de los Cuatro, aunque hoy en día incluso a Mao se le atribuyen "graves errores" en sus últimos años. Con todo, el partido califica su obra en vida como "bien en un 70% y mal en un 30%" y le sigue dispensando todos los honores.

Su adversario, Deng Xiaoping, quien tras la muerte de Mao llevó a China a la reforma y la apertura, consideró en ese entonces que aún no había llegado el momento de hacer un análisis de lo sucedido.

Pero cuando en enero de este año se anunció la muerte del último miembro de la Banda de los Cuatro, el subdirector del órgano del partido Diario del Pueblo, Zhou Ruijin, consideró que ya se dan las condiciones en el PCCh y las instituciones para realizar un "examen histórico tranquilo y profundo".

Zhou Ruijin es una figura respetada como la voz que se levanta frente a la hoy en día reforzada izquierda, pero lo más seguro es que nadie más se atreva a hablar en los medios de manera tan abierta de la Revolución Cultural cuando se cumple su 40 aniverario.

"El coste del silencio y las mentiras tendrá que cargarlo la sociedad como un todo", advierte Liu Xiaobo en un ensayo publicado en internet y censurado por las autoridades. "Cuando una generación tras otra miente, las mentiras lo devoran todo. El pueblo chino no sabrá ya qué es sinceridad personal y qué verdad histórica, por lo que constantemente desaprovechará, perderá o desperdiciará oportunidades históricas", afirma.

Mas sin la verdad história no se pueden extraer lecciones. Y si no paga esa deuda, China no podrá continuar sus reformas de una forma "sana".

DPA

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