| Fidelidad temporal.
Villepin tiene ‘plazo de gracia’ hasta el Mundial
Hans-Hermann Nikolei
París. -En Francia cunde estos días una sensación de final: después de que el ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, prometiera fidelidad al gobierno sólo hasta junio, los franceses se preparan para un cambio de gobierno a comienzos de verano (boreal).
Hay algo que sí está claro: los dos archirrivales Sarkozy y el primer ministro, Dominique de Villepin, no aguantarán en el mismo gabinete hasta las elecciones presidenciales de 2007. Por ello, muchos dan por sentado que el presidente, Jacques Chirac, aprovechará el tumulto del Mundial de Fútbol en Alemania y el receso veraniego para formar, discretamente, un gobierno sin Sarkozy ni Villepin que le permita concluir de manera más tranquila su mandato.
Pero esto es algo cada vez más difícil, dado que el veneno propagado por un oscuro escándalo de difamación en torno a los dos pesos pesados del gabinete está descomponiendo rápidamente el gobierno conservador. El domingo, el partido de centro UDF se pasó a la oposición. Este martes, votará por primera vez junto con la izquierda en la moción de censura contra el gobierno.
Aunque esto no será suficiente para hacer caer a Villepin, los neogaullistas hablan ya de "traición". "No se vuelve al camino de la moral política clavando el cuchillo al amigo por la espalda", se quejaba el presidente de la Asamblea Nacional, Jean-Louis Debré.
Al mismo tiempo, Sarkozy ha dejado claro que "no quiere ser relacionado" con Chirac y Villepin, quienes, al fin y al cabo, son sus jefes. En 2007 quiere presentarse como el representante de la "ruptura" con el desacreditado sistema Chirac, del que él mismo surgió.
Una muestra del ambiente que reina en el gabinete es la declaración del ministro delegado de Municipios, Brice Hortefeux, quien afirmó -en referencia a Chirac y Villepin- que "se quiere asesinar políticamente a Sarkozy".
Entretanto, la opinión pública gala asiste atónita a la autodestrucción del gobierno. "Suicidio de la derecha", titula este lunes Le Parisien en portada, hasta el punto de que relega a un segundo lugar la controvertida composición del cuadro francés para el Mundial.
Libération llena su portada con una caricatura del UDF encendiendo un cinturón de explosivos en torno a Chirac, Sarkozy y Villepin, mientras escribe: "La derecha salta por los aires".
Con todo, el verdadero problema de los conservadores no se llama ni Villepin ni Sarkozy, sino Chirac. En su decimosegundo año en el poder, el presidente da una imagen de fragilidad y de gastado. Este domingo tuvo que volver al hospital a un chequeo tras su leve ataque del 2 de septiembre de 2005.
Aun así, la V República, concebida como una "monarquía electa", hace que Chirac tenga en sus manos todos los hilos del poder. Él es quien nombra al primer ministro y, mientras se mantenga fiel a Villepin, el drama político no verá un final. Ni siquiera contando con la mayoría absoluta puede la UMP hacer cambiar de opinión al mandatario de 73 años: porque el presidente francés no tiene que justificarse ante el Parlamento. Incluso en caso de alta traición es intocable.
Así, la justicia no puede investigar si fue él quien ordenó a Villepin poner al servicio secreto detrás de Sarkozy por el escándalo Clearstream. Muchos consideran que su inquebrantable apoyo a Villepin, que amenaza con romper el bloque de gobierno, forma parte de una "conspiración" de ambos.
DPA
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