No todo vale en la política. Por encima de los vaivenes diplomáticos a los que nos está acostumbrando el Ejecutivo, hay movidas inaceptables para un gobierno democrático. En el camino de las extrañas alianzas internacionales, Panamá se atrevió a jugar con los derechos humanos, uno de los campos donde no se debe permutar valores.
El hecho de que el Gobierno apoyara a Cuba, China y Venezuela para el nuevo Consejo de los Derechos Humanos de la ONU –además de ser un mal chiste– es un acto absolutamente deplorable. ¿A qué estamos jugando?, ¿cómo se pudo empujar a dos países violadores de derechos fundamentales como China y Cuba, y a otro de dudosa estirpe democrática?
Panamá, que sufrió en carne propia los desmanes de la dictadura mientras los diplomáticos se intercambiaban favores, no puede justificar que ningún interés esté por encima del respeto a la vida y la libertad de otros pueblos que aún no han podido zafarse de la opresión. Esperemos que este voto temerario no se repita cuando toque elegir al representante latinoamericano en el Consejo de Seguridad. |