| RETÓRICA BELICOSA.
La lucha de Blair por el control
Anna Tomforde
Londres. - El lenguaje en el más reciente enfrentamiento por el poder es belicoso: Se habla de conspiración, sangre sobre la mesa, mentalidad de búnker y guerra civil.
"En el combate más mortífero de lucha interna para una generación", los partidarios del primer ministro británico, Tony Blair, y de su rival, Gordon Brown, han intercambiado golpes verbales que "amenazaban con aumentar y descontrolarse", escribe ayer el Times.
La sangre de los partidarios de Brown (Brownites) hervía después de la remodelación del gabinete el viernes que elevó a posiciones clave a los defensores de Blair (Blairites) y que fue vista por las filas de Brown como un intento de aplazar el traspaso de poder.
El recién nombrado ministro del Interior, John Reid, que lidera la ofensiva de los Blairites, dijo: "No hace falta ser Sherlock Holmes para saber que hay en marcha un complot".
Los conspiradores, declaró, quieren relegar al laborismo al desierto político apoyando los valores del "Viejo Laborismo". "Pero no ganarán", advirtió Reid.
No había duda de a quién tenía en mente: Los Blairites están convencidos de que la rebelión contra el primer ministro y jefe de partido está encabezada por un nucleo de conocidos Brownites que llevan largo tiempo conspirando para derrocar a Blair.
El Times y otros periódicos llegan a afirmar que se ha declarado una "guerra civil" en el seno del partido.
Mientras los Brownites llaman a la batalla, los Blairites han desarrollado una mentalidad de búnker y parecen desligados de los acontecimientos.
Un chiste que circulaba el lunes compara la postura de Downing Street con la de la película El hundimiento, que escenifica el fracaso de los ayudantes de Adolf Hitler de aceptar la realidad durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial.
Entre los 50 diputados laboristas que se cree están dispuestos a firmar una moción que llame a fijar una fecha para el traspaso y exija a Blair renunciar "dentro de un año", figuran moderados no identificados previamente como Brownites.
Entre ellos se encuentra Estelle Morris, la ex ministra de Educación, quien dijo que Blair no "necesita otros seis meses para resolver su legado".
Derek Wyatt, ex diputado leal, advirtió que habría "sangre sobre la mesa" si la sucesión no se resuelve antes de la conferencia anual del Partido Laborista en octubre.
Las leyes del Partido Laborista establecen que cualquier desafío al liderazgo de la agrupación debe contar con el respaldo del 20% de los parlamentarios laboristas. Esto supone que 71 diputados laboristas deberían apoyar a un candidato para un intento por desbancar a Blair.
Al evitar consistentemente la presión para traspasar el poder a Gordon Brown, Blair se ha embarcado en una "estategia de alto riesgo", escribió ayer el Financial Times.
The Nre York Times
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