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Reportaje especial
Panamá, martes 9 de mayo de 2006
 

ESTRATEGIAS.

Nuevas alianzas para un nuevo siglo

Donald Rumsfeld

En 1970 viajé a Egipto como miembro de la delegación estadounidense que asistió al funeral del presidente Gamal Abdel Nasser. En aquel entonces, Egipto estaba alineado muy estrechamente con la Unión Soviética. Cuando llegamos a El Cairo, por donde quiera que miráramos parecía haber evidencias de la presencia soviética - tanques, misiles y tropas soviéticas.

Durante la visita teníamos previsto reunirnos con Anwar Sadat. Ninguno de los miembros de nuestra delegación sabía bien a bien qué esperar, dadas las incómodas relaciones entre nuestros dos países en esa época. Para nuestra sorpresa, Sadat nos dijo que de hecho respetaba a EU. ¿La razón? Cuando era un joven oficial había visitado nuestro país y había tenido experiencias excelentes. Y, en efecto, antes de cumplir dos años en el poder, Sadat expulsó a los soviéticos de Egipto y comenzó a construir una amistad con EU que, a pesar de los retos y diferencias periódicas, ha resultado importante y valiosa desde entonces.

Menciono la importancia de esas relaciones entre militares porque en este nuevo siglo EU está experimentando una transformación significativa de sus arreglos y asociaciones militares en todo el mundo, ajustes necesarios basados en realidades nuevas, amenazas nuevas, que han surgido desde el final de la Guerra Fría.

Es importante señalar que desde 2001 EU ha hecho más cosas, con más países, de formas más constructivas y en más regiones del mundo que en cualquier otro momento de su historia.

A raíz de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el presidente George W. Bush ayudó a forjar y conducir la mayor coalición de la historia -más de 80 naciones- para luchar contra el terrorismo. Además, aproximadamente 60 países cooperan actualmente en el marco de la Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación para impedir que lleguen armas o materiales peligrosos a los terroristas y los regímenes forajidos.

Ha habido un replanteamiento de la estructura y el papel de nuestras alianzas militares tradicionales, incluida la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que está estableciendo una Fuerza de Respuesta y que ha salido de Europa por primera vez con la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad en Afganistán.

Hoy en día el centro de la atención está en Iraq y Afganistán. Pero en las décadas futuras las prioridades cambiarán. Y mucho de lo que tal vez tengamos que hacer en el futuro probablemente estará determinado por las decisiones de otros.

Consideremos a Rusia, una nación con grandes recursos naturales, una población educada y una rica herencia de logros científicos y culturales.

Al igual que los estadounidenses y otros en todo el mundo, están amenazados por el extremismo violento. Rusia es socio de EU en algunas cuestiones de seguridad, y nuestra relación general es la mejor que hemos tenido en décadas. Pero en otros casos Rusia no ha ayudado, por ejemplo, al usar sus recursos energéticos como arma política y por su resistencia a los cambios políticos positivos en sus países vecinos.

Lo mismo se aplica en el caso de China. El pueblo chino es educado y talentoso y su país tiene un gran potencial, con altas tasas de crecimiento económico y una fuerza laboral trabajadora. Sin embargo, algunos aspectos del comportamiento chino siguen siendo preocupantes y complican nuestra relación. El año pasado, un informe del Departamento de la Defensa de EU señaló que los gastos militares de China parecen ser mucho mayores de lo que reconoce su gobierno. Esto, junto con una notoria falta de transparencia, inquieta justificadamente a sus vecinos.

Además de las decisiones que estos y otros países tomen, las decisiones de Estados Unidos serán un factor importante para determinar el tipo de futuro al que se enfrentarán. De vez en cuando la opinión pública de EU se ha opuesto a desempeñar un papel activo en el mundo y a cumplir los compromisos con nuestros aliados, y, en efecto, con la causa de la libertad.

A principios de los años 1970, recuerdo haber tenido que regresar de Europa para dar testimonio en contra de unas leyes ante el Congreso que habrían retirado a las tropas estadounidenses de Europa occidental y de la OTAN justo cuando la Unión Soviética estaba en medio de una enorme ampliación de sus fuerzas militares.

Actualmente, las naciones que eran miembros del Pacto de Varsovia de la Unión Soviética, así como algunas de las ex repúblicas soviéticas -países a los que solíamos llamar "naciones cautivas"- son miembros valiosos de la OTAN y están entre nuestros aliados más firmes en la guerra contra el terrorismo.

Esto no sucedió por accidente o por azar. Viendo hacia el futuro, estoy convencido de que si tenemos la sabiduría, el valor y la fuerza para ajustar los acuerdos estratégicos que datan de muchos años, recibir a nuevos socios y, sobre todo, perseverar ante la adversidad y las dificultades, tendremos una victoria similar en esta "larga guerra" contra el extremismo violento y otras amenazas que puedan surgir en un incierto nuevo siglo.

Project Syndicate. El autor es secretario de Defensa de Estados Unidos

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