| CONTRADICCIONES.
Cruce de fuerzas en Sudamérica
672048Eduardo Ulibarri
Si para algo ha servido la frenética serie de declaraciones, encuentros y decisiones que, durante las últimas dos semanas, han conmovido Sudamérica, es para ratificar dos claras realidades del hemisferio:
Primero, el frecuente distanciamiento entre los discursos y las realidades.
Segundo, el poco valor de las etiquetas ideológicas para explicar las diferencias entre sus gobernantes. Estas es mejor buscarlas en cuán responsables son en el ejercicio del poder, y cómo interpretan y defienden los intereses nacionales.
Un repaso de los hechos recientes ayuda a aclarar la situación:
El 19 de abril, Hugo Chávez anunció su retiro de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), como represalia por la decisión soberana de Colombia y Perú de suscribir sendos tratados de libre comercio (TLC) con Estados Unidos. Así, el defensor "revolucionario" y retórico de la unión latinoamericana le asestó un golpe letal y real al sueño de Bolívar, al conducir esa organización hacia la crisis. Además, estableció una inevitable trayectoria de choque con dos gobiernos socialistas: el de Chile, que ya disfruta de un TLC con Washington, y el de Uruguay, en vías de profundizar sus nexos comerciales.
Su enigmático hijo pródigo, Evo Morales, adoptó la retórica del ex militar de boina roja y chequera verde y, de manera imprecisa, también planteó el retiro boliviano de la CAN, a pesar del impacto que esto podría tener en sus ventas de soya a Perú y Colombia.
Pocos días después, en La Habana, Chávez, Morales y Fidel Castro suscribieron un proclamado "tratado comercial de los pueblos", que, en los hechos, es un simple compromiso venezolano de comprar a Bolivia la soya que dejaría de vender por su retiro de la CAN, y financiar a Cuba importaciones del grano. Es decir, un paso más en la hegemonía de Venezuela sobre sus dos empobrecidos "hermanos".
El lunes 1 de mayo, Morales proclamó el ya famoso decreto 28,701, que nacionaliza los hidrocarburos; envió el ejército a los 56 campos de producción del país, y estableció un plazo de seis meses para revisar los contratos con las compañías foráneas que extraen y comercializan gas.
La medida está lejos de la expropiación y es posible que, al renegociar los contratos, se revele como menos radical de lo que parece. Por el momento, ha empeorado severamente la precaria seguridad jurídica boliviana, lo cual afectará su capacidad para atraer indispensables inversiones, pero también ha dado más músculo a su gobierno para renegociar los bajos precios de exportación de gas a Argentina y Brasil, los dos grandes socios del Mercosur. De aquí la inquietud de Néstor Kirchner y la gran molestia y preocupación Luiz Inácio Lula da Silva.
Para los argentinos, la situación es inquietante, mas no extrema: no tienen compañías afectadas y su consumo de gas boliviano ronda apenas el 4% de la demanda total, aunque va en crecimiento. Para los brasileños, en cambio, el problema es sumamente serio: Petrobras, su gran compañía petrolera, es una de las que más sufrirá por el decreto, y casi la mitad de su demanda se alimenta de Bolivia.
Lo anterior explica la tensa reunión de emergencia del 4 de mayo, entre Morales, Chávez, Kirchner y Lula, cuatro "izquierdistas" de retórica integracionista, pero estilos, intereses y realidades nacionales muy distintas. Esta emblemática y discreta cumbre de conflictos, coincidió con otra, de ejemplar armonía, entre el presidente George Bush y su colega uruguayo, el socialista Tabaré Vázquez.
Ese mismo día, ocurrieron otros dos importantes hechos: Argentina presentó ante la Corte Internacional de Justicia una demanda contra Uruguay, por la construcción de dos plantas papeleras en la frontera común, y Venezuela retiró a su embajador en Lima, que pocos días antes había retirado el suyo en Caracas.
Los uruguayos están muy disconformes (al igual que Paraguay) por su posición marginal en el Mercosur; los hiere el rechazo argentino a las papeleras, y han decidido ampliar sus mercados, más allá de la integración regional. Es decir, cada vez se alejas más de la retórica y se acercan al pragmatismo, conscientes de que la izquierda responsable requiere crear riqueza mediante una buena política económica.
Por algo Vázquez, tras decir que "este Mercosur, así como está, al Uruguay no le sirve", añadió algo aún más interesante: "El autoritarismo político es a la democracia lo que el proteccionismo es al comercio internacional".
La erupción, en tan corto tiempo, de acciones y criterios tan disímiles, revela gran confusión y evidentes contradicciones en la política y relaciones hemisféricas. Sin embargo, también ha permitido aclarar que Caracas y La Paz son, hoy, sus principales focos de inestabilidad e inquietud; que Perú y Colombia no están dispuestos a ceder a sus chantajes; que Uruguay está avanzando hacia un cierto "modelo" chileno, y que Argentina y Brasil privilegian, frente a otras consideraciones, sus intereses como potencias económicas regionales y grandes consumidores de gas. Algo muy diferente a la izquierda indiferenciada que algunos aún se empeñan en ver.
El autor es exdirector de La Nación de Costa Rica
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