| PLANIFICACIÓN URBANA.
En defensa del espacio público
Carlos Alvarado
La concepción del espacio público ha llegado a ser tan oscura para la comprensión de la mayoría de los ciudadanos, que inclusive es difícil hacer entender a muchas personas, la necesidad de la defensa de ese espacio.
Afortunadamente, fue posible incluirlo en la recién creada Ley de Urbanismo, luego de discusiones acaloradas sobre el tema y la necesidad de preservar su integridad; además de otros temas relacionados con el papel social que debe cumplir la propiedad privada.
A diario vemos cómo se viola esta integridad y el motivo de esta reflexión es manifestar nuestra convicción de que las autoridades y funcionarios encargados de velar por ésta son incapaces de aplicar la ley por lo que toca a la comunidad organizarse para defender esos derechos.
Vemos con mucho enojo cómo se invaden las servidumbres en flagrante desafío a las autoridades y en la mayoría de los casos, los infractores, utilizando artimañas legales, logran burlar la acción de las instituciones encargadas de velar por esa integridad.
Últimamente se están dando escandalosos casos de violación de servidumbres en las áreas revertidas, a pesar de que este sector cuenta con normas especiales para mantener el carácter de ciudad jardín como lo establece la resolución del Ministerio de Vivienda emitida en el año 2000.
Es necesario destacar que hasta un colegio católico ha llegado a invadir un área de servidumbre pluvial en la comunidad de Los Ríos, evidenciando un comportamiento típico de invasión que pensábamos que solo se permitían hacer individuos de muy poca conciencia social y poco respeto por la convivencia en comunidad. Afortunadamente, y debido a la movilización de los vecinos, este colegio ha tenido que suspender el proceso de construcción de una cerca y una ampliación no autorizada. Empezamos a ver cómo la comunidad se organiza para salvaguardar su entorno y para proteger lo que las autoridades no pueden o no quieren proteger, tal como lo establece la Ley de Urbanismo.
La citada Ley de Urbanismo en su glosario de términos identifica el espacio público como "conjunto de inmuebles y elementos arquitectónicos y naturales públicos, destinados por su naturaleza, uso o afectación, a la satisfacción de necesidad urbanas colectivas".
Sin embargo, es importante destacar que el espacio público también tiene otras connotaciones como espacio común y espacio político.
El espacio común afecta a la circulación y la expresión; el espacio público, a la discusión; el espacio político, a la decisión. ¿Por qué insistir en la diferencia de naturaleza de estos tres espacios, que naturalmente son sincrónicos en el funcionamiento diario? Porque esto permite introducir el fenómeno esencial del tiempo, en el paso de lo común a lo público y de lo público a lo político.
El espacio urbano está constituido por dos sistemas complementarios y fácilmente reconocibles: el espacio público conformado por la trama de vías, plazas y parques al que tiene acceso la población en forma libre e indiscriminada. Se considera que a este sistema pertenecen los equipamientos sociales (escuelas, iglesias, hospitales, etc.) aunque su accesibilidad sea restringida. Y el espacio privado, que está formado por las áreas pertenecientes a particulares, en forma de predios de tamaños diversos, que se desarrollan de acuerdo a la iniciativa de cada propietario y a los cuales la comunidad plantea condicionantes en forma de reglamentos para ser construidos.
Para muchos es conocido que el área de estacionamiento del Hotel Plaza Paitilla, adyacente al área donde hace varios meses se hizo un desalojo de un intruso, era espacio público y dejó de serlo mágicamente. Para muchos es conocido que la mayoría de las áreas sociales de las edificaciones adyacentes a la ribera de mar en Punta Paitilla, son rellenos, en espacio público, que posteriormente han sido concesionados en algunos casos y en otros no.
Estos y otros casos se seguirán dando hasta que la sociedad en su conjunto tome las medidas para corregir estas fallas. La preocupación surge por la necesidad de que todos nos pongamos de acuerdo en dónde falla la autoridad y en identificar dónde yacen las bases de la injusticia para corregir y hacer una sociedad más justa.
El autor es planificador urbano y docente universitario
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