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Reportaje especial
Panamá, domingo 7 de mayo de 2006
 

COLÓN.COMUNIDAD COSTEÑA DE 700 HABITANTES ENFRENTA MUCHAS CARENCIAS.

Piña, un pueblito en el olvido

A simple vista todo es perfecto en el poblado, pero para esta época las olas se tornan amenazantes. Los lugareños atribuyen este fenómeno a la extracción de arena que merma la protección natural.

LA PRENSA/Demóstenes Ángel
TEMORES. A Eneida Solís no solo le preocupa que el mal tiempo afecte su casa. Cada tarde espera el regreso del bote en el que su esposo y su padre salen a pescar.671875
Eliana Morales Gil
emorales@prensa.com

Piña, en la Costa Abajo de Colón, parece un pueblito de esos que Gabriel García Márquez retrata en sus historias de realismo mágico. Su olor a salitre, sus tardes grises y sus soles brillantes, transportan a cualquiera a los días del Macondo de Cien años de Soledad, solo que la vida real es mucho más dura para los costeños de esta región del país.

Tiene un poco más de 700 habitantes que sobreviven de lo que la naturaleza les quiera dar, básicamente pescado, plátano, ñame, yuca y una que otra langosta, de vez en cuando.

Alguien dijo que las playas de esta población ubicada más allá de las esclusas del lago Gatún, eran tan paradisiacas, que un grupo de suecos entorpeció la calma de la tranquila vereda para comprobar con sus propios ojos los rumores que hablaban del majestuoso paraíso.

"Fue en diciembre, aquí llegaron y hablaron con mi marido, pero parece que no les gustó el precio porque hasta el sol de hoy no han vuelto", dijo Lidia Mendoza de Solís, la orgullosa dueña de un par de casas ubicadas frente a la playa.

LA PRENSA/Demóstenes Ángel
SUSTENTO. Los habitantes de la comunidad costera se dedican a la pesca.

A simple vista todo es perfecto en Piña. Los amaneceres y atardeceres que Lidia, su esposo, sus 10 hijos y sus 37 nietos pueden observar desde sus casas es una dicha que pocos tienen.

Pero el mar así como les da placeres igualmente se los quita. Con la llegada de las lluvias se ven obligados a buscar un lugar para refugiarse, pues las olas embravecidas arrasan con todo lo que se interpone a su paso y en Piña lo primero que encuentra son las casas. Los lugareños relacionan este fenómeno con la extracción de arena, pues cuando falta se pierde la protección natural de la costa.

La familia Solís no pierde la esperanza de que los suecos regresen para poder llegar a un arreglo y vender sus propiedades, pues ya no se sienten seguros ante la amenaza de que el mar les quite todo.

Y es que el recuerdo del mal rato que vivieron hace dos años sus vecinos de Palmas Bellas, cuando una marejada arrasó a 28 viviendas, los tiene atormentados, a tal punto que se unieron con los residentes de Chagres, Salud y Punta del Medio. Entre todos recogieron firmas para oponerse a la extracción de arena submarina que pretende darse en concesión a varias empresas. "La arena se está comiendo las casas", dijo la representante del lugar, Esther Rodríguez.

Pero la extracción de arena es solo una de las preocupaciones de los habitantes de este poblado que el 4 de septiembre pasado celebró su cumpleaños número 100. La falta del servicio de agua potable es otro de sus malestares. "El agua del acueducto a veces sale tan turbia que da miedo tomarla", dijo la representante.

La misma resiente la poca importancia que esta población tiene para sus coterráneos panameños. Lo dice porque desde hace más de un año tienen el dinero para la construcción de un parque, pero ninguna empresa ha licitado para su construcción. "Será porque solo son 10 mil dólares y ellos dirán que no van a mover su maquinaria por tan poco dinero", dice con un dejo de tristeza Rodríguez.

Y allí está el parque, pequeño y abandonado, pidiendo a gritos un cambio.

Pero en esta tierra de pescadores también hay atracciones mundanas, la cómplice de estas tentaciones terrenales es la cantina La Condesa del Mar, dicen en el pueblo que el lugar ha sido testigo de las historias más simpáticas que han hecho reír a sus habitantes.


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