| COLECTIVA. EXHIBICIÓN A PARTIR DEL 24 de MAYO.
Soñar en líneas
Jessica Schneider divide su tiempo entre la pintura y la escultura en vidrio. Ambas tienen como protagonistas unos personajes juguetones que seducen y endulzan.
| LA PRENSA/Nicolás Psomas |
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María Mercedes de Corró
mcorro@prensa.com
He vivido pintando autorretratos", confiesa Jessica Schneider, en alusión a esos lienzos en que una niña delgaducha se columpia, nada, o monta caballito. Sus pinturas tienen un aire infantil, pero detrás de esa aparente ingenuidad hay un recorrido: Schneider estudió seis años en la Universidad Católica del Perú y tres más en el Parsons School of Design, en la ciudad de Nueva York. Allí obtuvo una maestría en pintura y realizó investigaciones relacionadas con la manipulación del vidrio. Ha expuesto su trabajo en Latinoamérica y en el Dresdner Bank, de Hamburgo.
Los estudios, las vivencias y las visitas exploratorias a importantes museos -el MOMA; el Whitney, el Guggenheim, la Tate…- no han hecho sino darle forma a una inclinación natural. Su abuela, su tía y su mamá dibujaban y pintaban. "Mi tía dibujaba a mis primos, los hacía igualitos. Y mi mamá trabajaba con cerámica, muñecas de trapo, dibujos, de todo". A Jessica le gustan, particularmente, los trazos a lápiz; y no le importa que las figuras se vayan deshaciendo, porque es cuando comienza a ver la composición y a fluir su lenguaje personal.
En Nueva York, le dijeron que su pintura era surreal y que tenía un poquito de Jean Dubuffet, el inventor del llamado ‘arte bruto’. Ella confiesa un gusto por el arte rupestre, "esas pinturas que no pretenden nada; no quieren describir la perspectiva, ni impresionar…", así como por el arte africano y las cerámicas precolombinas.
Asocia estas formas de expresión honestas y descomplicadas con el lenguaje de los niños.
Con los pequeños comparte la afición por los conejos de Beatriz Potter y por las ilustraciones de mother goose y de mary had a little lamb que saborea en las páginas de un libro que fue de su papá.
Como su obra, Jessica es un poco escapista: "a veces estoy conversando y mi cerebro ya no está allí; en mi taller, también escapo, imagino cosas y me divierto…".
No le gusta el bullicio de los bares; tampoco las conversaciones vacías ni la política. Su producción artística tiene una frescura que seduce e invita a soñar o a jugar.
Muestra de su trabajo será expuesta en galería Habitante desde el 24 de mayo.
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