| ARTE. SU OBRA SE PUEDE VER EN ‘ARLENE LACHMAN GALERÍA’.
A todo volumen
Pintor, dibujante y escultor, Calvit fue uno de los pioneros en la movida contemporánea nacional.
| Cortesía/Arlene Lachman Galería |
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| PARTICULARIDADES. Paisaje, caballos, la figura humana. Lo que importa es el movimiento.669193 |
Carolina Proaño Wexman
carolinap@prensa.com
Mario Calvit perteneció a esa generación de artistas a la que le tocó abrirse espacios propios sin ayuda de nadie; que surgió sin galerías ni público, que esperaba con el cuadro bajo el brazo a sus clientes en la banca de algún parque.
Junto a Sinclair, Trujillo, Dutary o Chong Neto, compañeros de lienzo y brocha, se esculpió como uno de los pioneros de lo que hoy se conoce como "arte contemporáneo panameño".
Su carrera comenzó cuando notó las ondulaciones en su bandera dibujada en la primaria, cuando se hizo del caballo y la luna, cuando comenzó su búsqueda por entender al ser humano. Cuando, finalmente, el espacio y el volumen inundaron aire, lienzo y metal.
Calvit se influenció con la desfiguración, el dramatismo y el orden en los cuerpos del inglés Bacon, pero incluyó un sello más personal, que él mismo define como "neofigurativo o neorrealista" y que se asienta en la expresión de la figura humana.
Sus soberbios dibujos en papel —que recuerdan incluso a lo mejor del cómic francés y español de adultos— y sus manos (heredadas de su madre bordadora y artesana), "me exigieron pasar a una propuesta tridimensional y concreta": Calvit se sale del marco, se estira, busca, salta. Materia, textura y profundidad es lo que define su trabajo. El lienzo lo limitaba y la escultura le daba la oportunidad de jugar con el espacio.
Detrás de cada pieza suya hay una composición musical que no pudo ser. Calvit se reconoce frustrado, su otra pasión es la música. Y se puede saber en qué etapa va el trabajo según lo que está escuchando: boleros para inspirarse frente al material, música clásica para el desarrollo de la pieza y jazz o salsa para celebrar el término/nacimiento de la obra.
En el proceso, Calvit desglosa el motivo, la luz y las sombras cuando se trata de crear paisajes realistas o abstractos, figuras humanas, retratos, bodegones y naturalezas muertas, que comparten la paleta desértica y cálida a veces, fría y brumosa otras, con los planos y triples dimensiones.
73 años tiene Mario Calvit venciendo sus temores. Y hoy, seguro y creativamente libre como él mismo se considera, mucho menos le teme a la influencia de las nuevas tecnologías en el arte. Más bien agradece la posibilidad de recursos que ofrece, comparándola con el Picasso que abrió ventanas y propuestas estéticas a los artistas en su tiempo.
Actualmente, a Calvit le interesan la consideración y búsqueda estética. Por ello se ha alejado completamente de sus trabajos anteriores, "respetando los elementos innatos pero agregando nuevos elementos a la composición", dice. Calvit divide el óleo entre sus "retratos imaginarios" como llama a los personajes personales que materializa en los lienzos y los bodegones.
La mayor parte de su obra se reparte entre colecciones privadas. También hay un par de piezas en el MAC, pero en Arlene Lachman Galería se pueden encontrar varios de sus trabajos, sobre todo paisajes de etapas anteriores, que exploran justamente las particularidades más características de este gran artista.
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