| Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Contáctenos |
rluna@prensa.com Un sicario regordete desciende de un auto último modelo, da varios pasos por Vía España y ¡pum!, dispara a quemarropa contra su víctima. Luego da media vuelta y pistola en mano se marcha sin picazón. Los cadáveres de dos mujeres, una de ellas preñada, yacen atados y con tiros de gracia en el Corredor Sur, mientras un policía celoso mata a su pareja ante la mirada atónita de los vecinos de Costa del Este. Son hechos que ocurren en medio de una espiral de violencia que sacude a Panamá. También hay estupor por la presunta participación de policías en asaltos y por el cuantioso atraco perpetrado a plena luz del día en un casino de la ciudad. "La seguridad cuesta y alguien tiene que pagar esa cuenta", dice el director de la Policía Nacional, Rolando Mirones. ¿El contexto general? Una nación con cerca de 3 millones de habitantes, en la que se comete un promedio de 75.6 delitos al día, según registros de la Policía Técnica Judicial de los últimos 10 años. Cifras que dan cuenta de un crecimiento en delitos como el hurto, robo con arma, homicidio, posesión de drogas y violencia doméstica, los cuales agrupan 57% de los 276 mil 130 hechos punibles cometidos en el país durante esa última década. Estamos a tiempo A juicio de la directora del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, Aida Selles, el problema de la criminalidad no es un asunto de percepción; por el contrario, se trata de una realidad que, aunque todavía no es alarmante y por ende puede ser combatida de manera eficaz, en los últimos años se ha incrementado cuantitativamente y ajustado de manera cualitativa. En relación con lo primero, las estadísticas de la PTJ indican, por ejemplo, un promedio de más de 340 homicidios por año durante el último decenio. Y en cuanto a lo último, Selles precisa que ahora hay mayor agresividad, tecnicismo e innovación en la perpetración de los crímenes; mayor participación de la mujer en el hecho criminal y una disminución en la edad del infractor. ¿Pero qué es lo que ocasiona este incremento de la delincuencia? La experta advierte de que cada vez se agudizan más los factores que inciden en el fenómeno criminal, mientras el Estado no hace nada para contrarrestar la situación y, más bien, reacciona según emociones y coyunturas. Caldo de cultivo Según la catedrática, en la última década ha habido una serie de factores de riesgo que se entremezclan con la cotidianidad y generan un ambiente perfecto para el crimen: familias disfuncionales; desempleo frente al aumento del costo de la vida; falta de oportunidades y atención para el niño y el adolescente; influencia de los medios de comunicación. Además está la violencia en Centroamérica y Colombia, el trasiego de drogas y la inmigración. "Panamá es un país innovador, donde cada vez más se recibe a turistas e inmigrantes de otros países y donde los medios de comunicación tienen una penetración significativa. De allí que no es extraño que se copien modelos delictivos", sostiene Selles. El director de la Escuela de Sociología de la Universidad de Panamá, Olmedo García, añade: "Los valores hoy día vienen a través de una cultura global, y en Panamá lo que recibimos son modelos que reivindican la violencia". García precisa, además, que el fenómeno de la criminalidad tiene mucho que ver con "la modificación del modelo económico, dirigido hacia actividades de servicios, financieras, traslado de mercancías y capitales, las cuales han provocado un auge simultáneo de formas organizativas fácticas de crimen, como por ejemplo blanqueo de dinero, tráfico de personas e indocumentados, venta clandestina de armas, tráfico de narcóticos y cada vez más la presencia de delitos cibernéticos, como la pornografía a través de internet". Según él, si bien es cierto que el crecimiento económico se ha situado en un promedio de 5% en los últimos cuatro años, también lo es el hecho de que ha aumentado el desempleo y la informalidad, y se ha deteriorado la red de servicios públicos. "Todo esto golpea a los grupos más vulnerables de la sociedad, que al quedarse sin oportunidades generan conflictos, los cuales, a su vez, vienen acompañados por la criminalidad", explica. Círculo vicioso Ahora bien, según Selles es importante aclarar que en Panamá no se registra un problema de aumento primario en la conducta delictiva. Afirmación que de alguna forma se corrobora con estadísticas contenidas en el estudio Problema de las armas ilegales en Centroamérica, divulgado en marzo pasado por el Instituto de Estudios para el Desarrollo Sostenible de Guatemala, que colocan al país en una posición "privilegiada" en cuanto a número de muertes por cada 100 mil habitantes. El estudio refiere, por ejemplo, que en El Salvador y Honduras el índice de muertes por cada 100 mil habitantes en 2004 era de 50.36 y 46.7, respectivamente, mientras que en Guatemala de 35.8, en Nicaragua de 12.24 y en Costa Rica de 7.45. En Panamá, la cifra actualizada a 2005 es de 12.1 homicidios por cada 100 mil habitantes. Según Selles lo que se tiene aquí es un incremento en la reincidencia, una reiteración de actos. Argumenta, por ejemplo, que el aumento de los delitos contra la propiedad lo que refleja es una conducta histórica en el mundo, que coloca esos hechos en un primer lugar en lo que respecta a la criminalidad. En el caso de la violencia intrafamiliar, refiere que no se trata de un tema nuevo, aunque últimamente se ha promocionado y sensibilizado más en la sociedad, con lo que se han abierto espacios para la denuncia y con ello han crecido los números y estadísticas. Sobre las drogas, advierte de que Panamá se ha convertido en paso obligado de los carteles, con la consabida repercusión que tiene esa actividad en las personas. Para explicar el problema de la reincidencia, Selles hace referencia, además, a las condiciones en que está el sistema penitenciario nacional. Opina que hoy por hoy se vive la crisis más grave que ha tenido el sistema en su historia, definida por una altísima tasa de población hacinada –11 mil 604 reos a comienzos de este mes– y agravada por la falta de recursos. Tenemos gente que entra al sistema y sale peor –añade la experta–. No se puede rehabilitar a nadie en un centro penitenciario hacinado y sin personal. Y es que, según acota García, la estrategia del Estado para enfrentar la criminalidad no ha cambiado. Códigos aceptados
Otro problema relacionado con la delincuencia criolla tiene que ver con las costumbres por lo cotidiano. Por ejemplo, dice Selles, una sociedad como la nuestra, que no es efectiva en su sistema de seguridad, contribuye a legitimar o a aceptar como válida la presencia de bandas y pandillas para garantizar seguridad en las comunidades y locales comerciales. "En el fondo, el problema es que carecemos de una política criminológica que atienda el fenómeno criminal a corto, mediano y largo plazo", indica. Frente a ello, propone que se establezca una política que parta de la prevención como principio básico, atienda los factores de riesgo y favorezca la protección de los grupos más vulnerables; con un enfoque de participación ciudadana y dentro de un concepto de respeto de los derechos humanos. Olmedo García agrega: "Al Estado le quedan dos caminos: atacar la raíz o el problema. Nosotros creemos que debe ser una combinación de ambos, pero ello implica inversión (…) por el camino que vamos es muy poco lo que podemos hacer, pero si el Estado y la sociedad hacen un alto y ‘firman’ un pacto que incluya buscar solución a los problemas estructurales, entonces se habrá ganado la batalla". Además en Panorama
• EDITORIAL: Un desafío apremiante
|
|
|
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
© 2006.
Corporación La Prensa. Derechos reservados.
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||