| INSATISFACCIÓN.
Los salarios docentes: ¿deben aumentarse?
Ileana Gólcher
La jornada de la maestra Margarita González es agotadora: trabaja desde las 7:00 de la mañana en una escuela primaria de San Miguelito y atiende a 36 estudiantes de tercer y cuarto grado. Por las tardes trabaja en una escuela particular y sus 30 alumnos la observan usualmente cansada y quejarse de su voz que a veces parece abandonarla. Son 10 horas, muchas veces de pie y ante un tablero descolorido y por las tardes con mejores condiciones, pero con salario reducido y un alto nivel de exigencia académica.
Su doble jornada es la única posibilidad de hacerle frente al alto costo de la vida y poder cubrir la canasta básica familiar y educar a sus hijos. Margarita, al igual que los buenos educadores, por las noches y en los fines de semana debe preparar las clases, confeccionar material didáctico, revisar trabajos escolares, leer para actualizarse, preparar exámenes y efectuar todas aquellas tareas propias de su profesión docente.
En Panamá, la revisión de la evolución de los salarios docentes indica un amplio repertorio de categorías con períodos probatorios e interinos y permanentes. Datos provenientes de la Dirección Nacional de Finanzas y Desarrollo Institucional del Ministerio de Educación indican 65 categorías definidas en torno a los créditos académicos, años de experiencia profesional y cargo desempeñado; cada una de ellas se identifica con una letra y un número arábigo que va desde la A1, hasta la categoría U2. El salario base de un educador en la categoría B1 egresado de la Normal en período probatorio comienza con B/. 405.00 y al alcanzar la permanencia, pasará a devengar B/. 429.00.
La situación en los colegios particulares no es muy diferente a los oficiales y en su mayoría sus salarios para el nivel primario apenas alcanzan los B/. 400.00 (hay hasta de menos).
Para los educadores del nivel secundario, la situación no es muy diferente: un docente en la categoría M con licenciatura universitaria devenga B/. 574.00 cuando alcance la permanencia; un docente P con maestría en su especialidad devengará B/. 616.00, luego de su período probatorio.
Los últimos años nos recuerdan cómo el educador defiende su salario como los demás trabajadores: marchas, movilizaciones, paros militantes y hasta encadenamientos y huelgas de hambre, para lograr "sobrevivir con dignidad". En los últimos 15 años los docentes han recibido dos aumentos de B/. 50.00.
Existen múltiples pruebas que evidencian lo que ha significado la disminución del poder adquisitivo del sector docente en Panamá: hay un bajo nivel de satisfacción tanto por los resultados de los alumnos como por los niveles de sus condiciones laborales y sus cada vez más paupérrimos salarios. Esta situación asfixiante los lleva a buscar una salida y se produce el fenómeno que llamaremos docentes de tiempo repleto, es decir, los dobles y hasta triples empleos que conducen a la disminución del prestigio profesional, a un alto nivel de estrés sazonado con problemas emocionales y a un círculo vicioso donde la desmotivación y la baja autoestima son los denominadores comunes.
Ante las actuales circunstancias en los que se indica que la asignación presupuestaria es de B/. 504.000.000 (el mayor de toda la historia de la educación), es urgente una nueva revalorización de la carrera docente que conlleve el compromiso innovador de capacitación permanente.
Las condiciones actuales del sector docente de los centros oficiales nos revelan que su único incentivo es su "estabilidad laboral", y para tres provincias un "incentivo salarial" de B/. 30.00 que resultan insignificantes ante el alto costo de la vida.
Resulta evidente que la labor docente debe ser evaluada desde una perspectiva más humana, y si se desea introducir calidad de la educación como norte de las políticas educativas, resulta de igual urgencia priorizar el aumento racional de los salarios docentes, además que priorizar conectarse al conocimiento o destinar sumas millonarias a la reparación de la infraestructura escolar. Por supuesto que el aumento salarial debe basarse en un compromiso de mejorar su nivel de desempeño y una rendición de cuentas. La actual hoja de evaluación docente es subjetiva e incompleta.
Por lo general, los educadores desarrollan su labor con más énfasis en lo administrativo y social que en lo pedagógico.
Llevamos más de 20 años de declaraciones nacionales e internacionales que prometen mejorar la calidad de la educación, y los resultados son insatisfactorios.
Una ciudadanía con buena formación logra desarrollo humano y laboral, rechaza la corrupción, participa en la vida ciudadana, aporta, es creativa, puede competir. En síntesis, ha aprendido a ser, a aprender, a vivir plenamente y aprende a emprender.
La autora es docente universitaria
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