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Reportaje especial
Panamá, martes 2 de mayo de 2006
 

PRIVILEGIOS Y PREbENDAS.

¿Todos somos corruptos?

Edgardo Lasso Valdés

Mucho se habla de corrupción en todos los países del mundo y a todos los niveles de las comunidades. Sobre el particular me surge una interrogante: ¿sabemos, quienes nos referimos al tema tan libremente, lo que significa la palabra corrupción?

Me atrevo a asegurar, sin temor a equivocarme, que un alto porcentaje de quienes comentan y critican sus consecuencias no se toman el tiempo necesario para analizar su real significado.

Los beneficiarios de prebendas y canonjías prohibidas por la Constitución nacional, justifican el hecho al señalar que "esos son derechos adquiridos por el cargo que ocupo y los reglamentos así lo indican".

Si la Constitución no permite esos privilegios, no es legal emitir ningún tipo de reglamento interno para contradecir su significado.

Si la ley estipula que debemos pagar impuestos nacionales, seguro social y seguro educativo, sobre el total de nuestros ingresos, no podemos pretender, para evitar pagar lo que corresponde, dividir engañosamente los mismos, entre salario, gasolina, viáticos, dietas, gastos de representación, etc.

Si salimos beneficiados en una licitación pública, no debemos tratar de justificar un aumento posterior con el argumento falso de un alza en los precios internacionales.

Si ofrecemos una participación en las ganancias de la empresa a los empleados, no debemos cargar todos nuestros gastos personales y familiares al resultado de los estados financieros.

No debemos inventar dolencias y enfermedades para evitar cumplir con mis obligaciones de trabajo.

No debemos fingir la existencia de muerte, enfermedades u otras dolencias, para conseguir dinero del prójimo bondadoso.

No debemos ofrecer mejores días, empleo y solución a las carencias del pobre, en forma hipócrita, sin el menor deseo de cumplir; con el único propósito de conseguir el voto para un puesto de elección.

No debemos ofrecer el voto a un aspirante a cargo público, si no pienso cumplir.

Estos son solo algunos actos que, muchos de nosotros, sin analizarlos, hemos contribuido a que se realicen.

Si actuamos siempre de buena fe, evitando sacar provecho de los más débiles, acatando las leyes y reglamentos que la sociedad moderna ha fijado para una verdadera convivencia pacífica, estamos en el camino de neutralizar los efectos negativos de la corrupción.

De todos y cada uno de nosotros depende minimizar los efectos tan funestos que una corrupción generalizada puede causar a nuestra sociedad.

Lo más negativo que encierra el concepto corrupción es que quienes la practican no están conscientes, en algunas ocasiones, de su participación, pues pareciera ser que, para algunos, corrupto es el otro, pues "yo solo estoy aprovechando la oportunidad que se me ha presentado".

No pretendamos engañarnos, porque si recibimos un beneficio, un privilegio o cualquier remuneración no justificada, estamos contribuyendo al desarrollo de la corrupción, por eso la honestidad es la enemiga declarada de la corrupción.

El autor es banquero

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