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Pedro Ernesto Vargas DIAGNÓSTICO. El ginecólogo da la mala noticia: El Papanicolau (Pap) revela displasia cervical, lo que significa presencia de células anormales en el cuello uterino como resultado de la infección genital con el virus del papiloma humano (HPV), transmitida por las relaciones sexuales con o sin penetración. A manera de consuelo, le explica que esta infección afecta a más del 50% de las personas durante toda su vida sexual activa. Eso antes de pasar a explicar que algunas cepas o tipos (30) de este virus son la causa del cáncer cervical o "de la matriz". Los tipos 6 y 11 producen verrugas ano-genitales tanto en el hombre (pene, escroto y ano) como en la mujer (vulva, vagina y ano), pero no inducen cáncer. Sin embargo, los tipos 16, 18, 31 y 45 sí son oncogénicos cuando la infección es recurrente. La persistencia de la infección con solo uno de los tipos oncogénicos del virus es responsable de casi todos los cánceres del cuello uterino. En Panamá, en el 2003, la tasa de incidencia de cáncer cervical fue de 49.5 por cada 100 mil habitantes, la más alta entre los tumores en las mujeres, solamente antecedida en su frecuencia por el cáncer de la próstata, en el hombre. La tasa de mortalidad por esta misma localización del cáncer femenino fue de 10.2 por cada 100 mil habitantes, quinta causa de muerte por tumores malignos en Panamá. Mientras en Estados Unidos se contaron 10 mil 500 casos nuevos por año de cáncer cervical en el 2004, en Panamá con una población 98 veces menor, se contaron 530 nuevos casos. En otras palabras, por cada caso de cáncer cervical en Estados Unidos, en Panamá se producen 5. De su incidencia histórica más alta en los últimos 10 años (1993-2003), registrada en 1999, se produjo un descenso sensible de ella hasta el año 2002. En el 2003, el cáncer cervical uterino ha hecho un repunte preocupante. El número de muertes por el cáncer cervical uterino no ha variado significativamente. Varias son las razones, entre ellas, la no disponibilidad de pruebas más específicas para detectar la presencia del HPV, una más baja afluencia a las clínicas para hacerse la citología del Pap y la dificultad para cumplir con, por lo menos, tres visitas médicas por paciente para, primero, obtener la prueba del Pap, luego, realizar una biopsia por colposcopía a aquellas pacientes con Pap positivo, y, una tercera visita médica, para el tratamiento de las lesiones precancerosas. VACUNACIÓN. Una vacuna contra el HPV disminuiría la incidencia de cáncer cervical en la mujer. Ya se ha demostrado la alta eficacia (cerca del 100%) para prevenir la infección por los tipos 16 y 18, responsables del 70% de los casos de riesgo canceroso, mediante el uso de una vacuna bivalente. A esta se suma otra, cuatrivalente (para los tipos 16, 18, 6 y 11), cuya evaluación está aún en proceso. Tales vacunas deben ser de bajo costo, de dosis únicas y resistentes a las condiciones que suelen disminuir su eficacia. Deben aplicarse en un rango de edad que esté por debajo de la edad promedio de iniciación de relaciones sexuales. Y, para erradicar la infección, debe considerarse la vacunación del varón. Es probable que para el 8 de junio se anuncie la aprobación en Estados Unidos de esta vacuna y se pueda disponer de ella. Además en Vivir
• Recobrar el aliento
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