| HECHOS TRASCENDENTALES.
Clase política: ¿héroe o villana?
Enrique Ho Fernández
enripan1973@hotmail.com
A veces nos desilusionamos con las constantes peleas que hay entre políticos y con los sonados casos de corrupción sin resolver. Sin embargo, si nos detenemos a ver el bosque y no los árboles, debemos sentirnos orgullosos de lo que hemos logrado los panameños en 16 años de democracia. Orgullosos de la sociedad civil, de los empresarios y –quizás, esto sorprenda a muchos – de la clase política.
Recordemos cómo era Panamá en 1988. Yo tenía 15 años. Recuerdo calles en llamas, bancos cerrados, negocios quebrados, panameños presos y desaparecidos por la dictadura. Veía mi futuro con pesimismo.
Hoy vivimos en democracia, no en dictadura. Los inversionistas extranjeros ya no huyen, sino que vienen. Ya los panameños no emigran, más bien los extranjeros emigran a Panamá. ¡Cómo han cambiado las cosas!
¿Qué ha cambiado entre 1988 y 2006? Nadie duda que la sociedad civil creó el punto de inflexión para dicho cambio. Sin su sangre y sacrificio no tendríamos democracia ni progreso. Pero no menos crucial ha sido el aporte de la clase política, especialmente de los gobiernos de Endara y Pérez Balladares, por razones distintas, pero complementarias.
Endara tiene el crédito de haber luchado y consolidado la democracia en Panamá. Su administración fue transparente y honesta, en marcada diferencia con los 21 años de dictadura. Es cierto que su gobierno no se caracterizó por reformas económicas importantes. Sin embargo, Endara consolidó la democracia, la cual sirvió como piedra angular para reformas económicas de posteriores gobiernos. Creía tanto en la democracia que respetó la voluntad popular al darle el poder a su gran enemigo PRD en 1994, y no se dejó vencer por rencores del pasado. Por su lucha incansable por la democracia, Endara será recordado como el político de la libertad.
El gobierno de Pérez Balladares fue sin duda controversial. Pero su administración no pasó desapercibida. Cambió totalmente la estructura de la economía panameña implementando, quizás, el programa económico más ambicioso que ha tenido Panamá en su historia. Muchos resienten sus reformas, especialmente las privatizaciones.
Pero la decisión del presidente fue la correcta. El Estado panameño no estaba en capacidad –ni antes ni ahora– de hacer las millonarias inversiones para mantener y modernizar dichos servicios públicos.
Si no se hubiera privatizado el Intel, hoy estuviéramos como Costa Rica, donde hay que esperar hasta dos años para tener una línea de teléfono fija y más de seis meses para obtener un celular –ambos de pésima calidad y servicio–. Si no hubiéramos privatizado el Irhe, hoy sufriríamos constantes apagones y no tuviéramos electricidad. Y peor que tener luz cara es no tener luz. Peor que teléfono caro es no poder comunicarse.
Sin duda, el proceso de privatización pudo haberse manejado mejor. En vez de conceder monopolios privados por tiempo definido, se pudo hacer competitivo desde el primer día. Pero estas son diferencias de opinión de forma, no de fondo. Pérez Balladares es uno de los pocos políticos panameños que comprendía los cambios que se daban en el mundo y tuvo la valentía de preparar a Panamá para los retos del futuro, a pesar de los costos políticos. Eso lo convirtió no solo en gran visionario, sino en gran ejecutor. Si Endara le dio a Panamá la oportunidad de vivir en democracia, Pérez Balladares dio las herramientas para que Panamá aprovechara al máximo los beneficios de la globalización.
La clase política tuvo otro aporte importante: darle rango constitucional al Canal de Panamá. Esto permitió a una competente administración canalera mejorar sustancialmente la productividad de sus operaciones, y, de paso, conseguir el merecido respeto mundial de hasta los más fuertes escépticos que dudaban que los panameños estuvieran a la altura de las circunstancias.
Otro hecho importante fue la democratización del PRD, irónicamente, el partido antidemocrático de la dictadura. Le dio lecciones de democracia a los mismos partidos que lucharon contra la tiranía antidemocrática del PRD. Afortunadamente, los partidos de la oposición supieron reconocer los aciertos de su adversario y ahora se encuentran en pleno proceso de democratización. Esto demuestra capacidad de aprendizaje, adaptación y crecimiento de la clase política panameña.
Estos han sido hechos trascendentales. Fueron implementados por nuestra clase política, esa misma que en la opinión pública es atacada y desprestigiada (con justificada razón en la mayoría de los casos). Ciertamente, nuestros políticos no fueron los que crearon riqueza ni impulsaron el crecimiento económico; este vino de la fuerza del sector privado y la sociedad civil. Pero no menos cierto es que crearon las condiciones para la creación de riqueza.
Nuestros políticos están lejos de ser modelos para la sociedad. Muchos se han aprovechado de nuestra buena fe. Otros han robado impune y descaradamente.
De cada 50 acciones de los políticos, menos de cinco han valido la pena. Pero esas cinco acciones han hecho toda la diferencia entre el Panamá de 1988 y el Panamá del 2006. Hoy pueden demostrar nuevamente esa madurez en vísperas de la discusión sobre expansión del Canal de Panamá. Confío en que así será.
El autor es inversionista y miembro de la Fundación Libertad
Además en opinión
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