La crisis migratoria que se vive hoy en Estados Unidos debe ser un llamado de atención para que países como Panamá, que carecen de una política migratoria clara y funcional, empiecen a trabajar en ella, antes de que el tema pase de lo importante a lo urgente. Es imperativo llevar controles de entrada y salida de extranjeros y hacer cumplir las leyes, para reducir el número de indocumentados que, en el mejor de los casos, se suman a las filas de la economía informal y, en el peor, a las de la delincuencia.
Asimismo, es importante facilitar los trámites para que los que de buena fe buscan regularizar su residencia en Panamá puedan hacerlo sin atravesar por un campo minado de complicaciones que no invita sino a la evasión, la explotación y la corrupción. Tradicionalmente, Panamá le ha dado la bienvenida al extranjero.
Esta cultura aperturista no debe sino fortalecerse, más aún cuando estamos apostando a un aumento de la inversión extranjera y de la industria turística. La atención al tema migratorio no tiene por qué ir reñida con estos objetivos, sino todo lo contrario. |