| LA CALMA ANTERIOR A LA TORMENTA.
Nuestro ‘Estado de Malestar’
Luis Wong Vega
Desde el reformismo europeo se postuló el modelo del llamado "Estado de Bienestar", como propuesta social que conjugaría desarrollo económico dentro del mercado con justicia social, libertades civiles y solidaridad social. La enciclopedia on-line Wikipedia dice que éste es "...un modelo ideal donde el Estado asume la responsabilidad primaria del bienestar de sus ciudadanos". Esta responsabilidad es comprensiva, porque se consideran todos los aspectos del bienestar (humano) y en el que un (simple) "sistema de seguridad", no es suficiente ... y (este es) universal, porque cubre a cada persona, a la que la legislación otorga derechos positivos...".
Todos los argumentos teóricos a favor del "Estado de Bienestar" (solidaridad, justicia social, pleno empleo, democracia efectiva, etc.) cobrarían tanto o mayor sentido en sociedades atrasadas, injustas y gravemente asimétricas, como la nuestra. Paradójicamente, es en sociedades como la nuestra en donde este supuesto "Estado de Bienestar" encuentra su absoluta negación en el terreno de la práctica concreta y se transforma en un verdadero y endemoniado "Estado de Malestar".
Y acá lo estamos viviendo en carne propia. En Panamá y desde mediados de los años 90, vivimos en un permanente, agobiante y peligroso "Estado de Malestar", al cual nos hemos resignado o acostumbrado vergonzosamente como sociedad. Hoy, gracias a las anteojeras de la manipulación mediática, aceptamos como normales los escándalos de los políticos, la impunidad de los ex gobernantes, la criminalidad rampante, la precariedad en el empleo, la miseria e ignorancia a diestro y siniestro, los expolios de cuanto prepotente viene a someternos, la amoralidad individualista, el canibalismo social, la educación mediocre, los abusos del poder, etc.
Algunos dirán que este sentido de merma no es nada extraño. Sin embargo, pareciera que estuviésemos presenciando un cambio cualitativo importante: estamos, tal vez, en la antesala del tránsito hacia un estadio más grave de deterioro social. Se está dando en forma lenta pero real, sobre una colectividad narcotizada, confundida o resignada, hasta ahora, pero que acumula un enorme volumen de presión y cuya naturaleza ígnea y volátil, puede volcarse en violencia rápidamente.
¿Qué caracteriza nuestro actual "Estado de Malestar"? Por un lado, la fatiga mental de la sociedad. Estamos cansados de promesas incumplidas de campaña. Y que lo digan la enorme masa de desempleados desengañados, de subempleados, las víctimas de la violencia escalante, los que siempre pagamos el boato y el despilfarro del gobierno de turno, aquellos a los que nos duele ver cómo el país se hunde y se cuartea lentamente.... Estamos saturados de esas "nuevas" promesas sobre futuros brillantes, que tampoco se cumplirán... de esos espejismos y fumadas de opio que nos venden la televisión y la prensa adocenada... Desconfiamos profundamente y nos estamos volviendo un país de apáticos resentidos, de descreídos cínicos y de "poco importas" a la espera del momento de la venganza. Vivimos un estado de peligrosa abulia colectiva, pero hasta eso está llegando al límite de su agotamiento.
También, estamos cada vez hartos de los juegos de abalorios. Por ejemplo, de esos modelitos matemáticos y econométricos mentirosos sobre Nirvanas a la vuelta de la esquina. Estamos saturados de pseudotecnicismos, que se usan para confundir, engañar y justificarlo todo. Son como esos neologismos curiosos, esos eufemismos cobardes inventados para adornar nuestra fealdad: pobreza extrema (por miseria), microempresarios (por subempleados de semáforo), emprendedores potenciales (por desempleados) o deuda social (por saqueo impune de los poderosos). Estas perlas salen de la boca de cualquier fariseo vulgar, que sin empacho alguno está dispuesto a seguir dorando píldoras, a falsear la realidad y a desviar nuestra atención sobre esta, con temas baladíes y periféricos o con escándalos tontos.
Es curioso ver cómo nuestros lagartos saqueadores y vendepatrias criollos nunca aprenden. Insisten en que los malos resultados de nuestras devastadas economías son consecuencia de insuficiente "disciplina fiscal" e insisten en la "necesidad de hacer más sacrificios" (y adivinen quiénes son los que deben sacrificarse, de nuevo)... Afirman que a "las reformas económicas de primera generación deben seguir las de segunda y tercera generación, en un proceso sin fecha de término...". Como si hubiera que seguir dándole choques eléctricos a un paciente moribundo. O, como dicen los gringos: Keep beating a dead horse (seguir golpeando a un caballo muerto). Nuestro "Estado de Malestar" ya tocó fondo, aunque se nieguen a verlo. Ahora, el cuerpo social se hincha y puede reventar.
El mexicano Adolfo Sánchez Rebolledo afirmó hace poco que: "...Se dice con cinismo que la política es una actividad amoral, donde no cabe invocar la obra o la calidad humana a favor de una causa. No lo creo, pero en todo caso nada nos obliga a reconfortarnos por ello, a solazarnos en la suciedad que algunos ofrecen como forma de vida...". Es muy cierto. Por encima del asco que produce toda la tramoya desagradable de manipulación mediática, de monólogos arrogantes, de censuras veladas, de descalificaciones pagadas y de mentiras repetidas mil veces, no debemos dejarnos caer. No debemos ceder, por el bien del país. Entramos, como sociedad, a coyunturas importantes, a puntos de inflexión histórica que arrastrarán consigo, probablemente, las bases mismas de este "Estado de Malestar". Con qué sangre y con cuánta tribulación se escribirá este próximo capítulo de nuestra historia, está por verse. Ojalá esté equivocado, pero siento que vivimos, hoy, la calma anterior a la tormenta.
El autor es bioquímico y docente universitario
Además en opinión
• 70+ y las siestas: I. Roberto Eisenmann, Jr. • Las mochilas de la pesadumbre: Cecilia Samaniego de Manzanares • Nuestro ‘Estado de Malestar’: Luis Wong Vega • La ampliación del Canal: Álvaro Cabal • ‘El poder de los Círculos de Lectores’: Lourdes Silva de Martínez
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