Portada | Clasificados | Foros | Ediciones anteriores | Archivo | Contáctenos
  EL IMPRESO  
Hoy por hoy  
 
   
  Opinión  
  Perspectiva  
  Deportes  
  Mundo  
  Economía y Negocios  
  Vivir +  
  Reseña  
  Sociales  
  Horóscopo  
     
  SUPLEMENTOS  
  Ellas Virtual  
  Martes Financiero  
  Aprendo Web  
  Reseña Empresarial  
Pulso de la Nación
  SERVICIOS  
Titulares por
e-mail
Columnistas
Guía del sitio
Tarifas
¿Quiénes somos?
Contáctenos
  TIEMPO LIBRE  
Turismo
De interés
Cartelera de cines
De noche
 
  PÁGINA DEL LECTOR  
Porque nuestros lectores sí cuentan
  CANALES  
Salud
Psicología
Psicología sexual
Bebés
Hogar
Mascotas
Tecnología
Cine
Libros
Farándula
Discos
Reportaje especial
Panamá, viernes 28 de abril de 2006
 

EDUCACIÓN.

Las mochilas de la pesadumbre

Cecilia Samaniego de Manzanares

Al inicio del año escolar acostumbramos a realizar en cada uno de los grupos a los que impartimos clases un coloquio acerca de la vida cotidiana que experimenta cada uno de los estudiantes.

Este año tengo la satisfacción de compartir con jóvenes de 16 y 17 años de edad de la educación media pública. Cada año que transcurre nos percatamos del esfuerzo que hacen los padres y madres de familia conjuntamente con sus hijos para recibir una educación más cónsona con los adelantos tecnológicos y las nuevas tendencias del mundo que los rodea.

Observamos que hay estudiantes que son verdaderos diamantes, con grandes potencialidades y deseos de superación, que atraviesan varios obstáculos para asistir a un día de clases. Existen algunos que se levantan entre las 3:00 y 4:00 de la madrugada para tomar un transporte público a tiempo, para evitar los grandes congestionamientos de nuestra ciudad y llegar justo a la hora de entrada a su centro educativo.

Tenemos estudiantes que viven solamente con sus madres, abuelos (as) o tíos (as). Son pocos los que comparten un hogar con la presencia de ambos padres. También tengo estudiantes que en horarios contrarios a los de su jornada se dirigen hacia los supermercados para ser empacadores, a cocinas de restaurantes como ayudantes y oficios domésticos para ganar algo de dinero para contribuir con los gastos de sus hogares.

Otros estudiantes tienen la responsabilidad de cuidar a sus hermanos menores, ver por las labores del hogar y hasta cocinar, ya que sus padres trabajan todo el día.

Lo antes señalado es la realidad que vive día a día un sinnúmero de estudiantes de la ciudad de Panamá y es muy probable que en otras localidades de nuestro país (con circunstancias más gravosas como cruzar quebradas y ríos, caminando largas distancias para poder asistir a sus escuelas).

Sean cuales sean las circunstancias que viven estos jóvenes, es importante considerarlo en el rendimiento académico y su desempeño en el proceso enseñanza-aprendizaje.

Este estudiante que tengo frente al pizarrón tiene en su espalda no solo la mochila de sus útiles escolares, sino también la mochila de la pesadumbre y vicisitudes de su diario vivir.

Ellos y ellas sienten la necesidad de ser escuchados por sus padres, profesores, amigos y la sociedad en general. Expresan en sus ojos que están dispuestos a seguir caminando, pero que necesitan más apoyo de la comunidad panameña, de sus progenitores, de la escuela y que les brinden mayores oportunidades para enriquecerse intelectual, cultural y moralmente.

Algunos estudiantes cuando llegan a casa después de clases lo que los espera es el televisor, donde hay algunos programas que nos los edifican y más bien son una contraposición a los valores que tratamos de inculcar en el hogar y la escuela. Así también hay a los que les espera una computadora con acceso a internet, recurso que si no es bien encaminado puede ser causante del deterioro moral del estudiante, pero que a su vez, utilizado con la debida orientación, extendería sus horizontes, traspasando las fronteras del conocimiento y su aprovechamiento para la vida diaria.

Con sus actitudes y su voluntad de ser grandes ciudadanos nos dicen que no están sentados en sus bancas de estudio por obligación, sino por deseos de superación y necesitan que se les escuche, ellos también tienen su verdad, tienen el deseo de contribuir por medio de su dedicación y estudio a fortalecer las bases de nuestra patria, donde los adultos debemos ser un fiel ejemplo permanente de valores como el trabajo, la decencia y la honestidad.

La autora es educadora.


Además en opinión

70+ y las siestas: I. Roberto Eisenmann, Jr.
Las mochilas de la pesadumbre: Cecilia Samaniego de Manzanares
Nuestro ‘Estado de Malestar’: Luis Wong Vega
La ampliación del Canal: Álvaro Cabal
‘El poder de los Círculos de Lectores’: Lourdes Silva de Martínez



 
 
 
 
    BUSCADOR  
Google
Web
prensa.com
 
© 2006. Corporación La Prensa. Derechos reservados.
Advertencia: Todo el contenido de www.prensa.com pertenece a Corporación La Prensa S.A. Razón por la cual, el material publicado no se puede reproducir, copiar o transmitir sin previa autorización por escrito de Corporación La Prensa S.A.
Le agradecemos su cooperación y sugerencias a internet@prensa.com y Servicio al Cliente.
En caso de necesitar mayor información accese a nuestra biblioteca digital o llámenos al 222-1222.
Corporación La Prensa: (507)222-1222 | prensa.com: 323-7292 / 323-7338
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá