| SIN PREOCUPACIONES.
70+ y las siestas
I. Roberto Eisenmann, Jr.
Como me estoy asomando a los 70, muchos de mis amigos –de los que todavía viven– están entre los 70 y 80 plus.
Sostenemos conversaciones sabrosas sobre el pasado, el presente y lo que pensamos será el futuro, siempre prohibiéndonos (aunque inútilmente -agrego yo-) caer en lo que brota naturalmente: el tema de las enfermedades y el costo increíblemente alto de las medicinas. Todos creemos que el aprendizaje termina cuando "se pela el bollo", así es que procuramos que las conversas sean de descubrimiento y además de compromiso, porque todavía estamos conectados y haciendo cosas vitales en el campo de nuestra sociedad. Como escribió el octogenario Kirk Douglas y suscribimos todos, "lo único que sabemos de los viejos tiempos es que ya pasaron". Hay que dedicarse al presente, siempre con visión de futuro.
Yo pienso montarme sobre la tecnología y medicina moderna para que me emparapeten el cuerpo con el objetivo de vivir hasta los 102 años. El secreto es no permitir que la edad nos arrugue el alma. La edad está en la cabeza y en el alma. Si éstas se mantienen "al día" y pensando en el mañana de la sociedad que nos rodea… vamos bien.
Ahora bien: para el común de los mortales "el día es para trabajar y en la noche se duerme"; para los de 70 y 80 plus esto cambia y se aprende a gozar las distintas siestas en todos los horarios. Por ejemplo: no hay siesta más sabrosa que la siesta pos-desayuno; eso sí, en hamaca, cerca del monte y del concierto de cigarras, bimbines, ruiseñores y chuíos. Como lo escribe Paquot en su Arte de la Siesta… la siesta "te envuelve con su calidez, te engatusa, te mima".
Junto a esa prohibida siesta pos-desayuno está la siesta pre-almuerzo; parte del delicioso sentido de este ligero sueño es saberlo prohibido o clandestino.
Por supuesto que la siesta pos-almuerzo es la tradicional, la más conocida… pero es -a pesar de que los médicos hoy la recomiendan como el mejor desestresante para la agitada vida moderna– menos y menos practicada por la gente, y más y más personas terminan empastillándose para resistir la agitación y dependencia en la tecnología.
El artefacto moderno más eficaz y a la vez más estresante es el teléfono celular, que garantiza que uno esté conectado 24 horas al día sin descanso alguno. Para Semana Santa Maruja y yo fuimos a Los Santos. Paseábamos por carreteras de poco tráfico y sin acceso celular (ejemplo Pedasí-Tonosí), y constantemente pensábamos un poco preocupados que si nos pasaba algo por allá nadie se enteraría. Hace años hicimos solos una gira en auto por los Pueblitos Blancos de España y, como el celular-roaming no existía, no hubo un solo momento de angustia. El celular, en conclusión, nos tranquiliza con una permanente angustia. Por eso les recomiendo al menos la siesta pos-almuerzo... sin celular a la pata.
Pero bueno, los 70 y 80 plus también pueden hacer una siesta pre-cena… también deliciosa.
Un gran amigo (de 80 y pico) me confesaba: "ya leo poco, veo poca televisión, duermo feliz todas tus famosas siestas, y lo más grande es… ¡que no me aburro!".
En España e Italia la hora de la siesta es un asunto cultural, aún cuando se dedique ese tiempo a otra cosa. En la China el derecho a la siesta "xio xi" está en el Artículo 49 de la Constitución del 49. En Nueva York el "Instituto Omega" atiende a las personas "enfermas de tiempo" y les enseña a disfrutar del tiempo. En Austria la "Asociación Tempos" reúne a adeptos de la lentitud (los bocatoreños de Austria); por ejemplo, en vez de comida rápida prefieren restaurantes de comida lenta. Hay que "habitar el tiempo" para usar la expresión de Jean Chesneaux.
La siesta –esa posibilidad de despreocupación dichosa– es la mejor manera de sobrevivir la época moderna y sus angustias. ¡No espere tener que llegar a los 70 plus para descubrirla!
Posdata: Reaccioné muy positivamente al método de presentación de la expansión del Canal, así como la total apertura que se ha dado a todos los estudios. Estaré dedicando la próxima semana a estudiar en detalle los documentos, para luego emitir una opinión sobre lo que sin duda me parece la decisión más importante que pueda tomar un ciudadano, después de la de la Independencia de la República.
El autor es presidente de la Fundación para el Desarrollo de la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• 70+ y las siestas: I. Roberto Eisenmann, Jr. • Las mochilas de la pesadumbre: Cecilia Samaniego de Manzanares • Nuestro ‘Estado de Malestar’: Luis Wong Vega • La ampliación del Canal: Álvaro Cabal • ‘El poder de los Círculos de Lectores’: Lourdes Silva de Martínez
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