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Reportaje especial
Panamá, lunes 17 de abril de 2006
 

LA VERDADERA PORNOGRAFÍA.

El retorno de la censura previa

Ricardo Soto

Me he enterado de que nuestros políticos, que saben qué es lo mejor para todos, ahora están promoviendo una legislación con el objeto de salvaguardar la moral pública, sea lo que sea que esto signifique, prohibiendo la producción, filmación, impresión y distribución de material pornográfico.

Esto es un tema incómodo de abordar. Hay mucha gente y no solo hombres a quienes les atrae este tipo de material, si no, no sería la pornografía la industria millonaria que es. Por otro lado, muchas personas se quejan de que la pornografía incita a la violencia contra la mujer degradando su imagen. Curiosamente este argumento nunca se usa contra la pornografía homosexual la cual es invisible a las críticas. Muestran estudios según los cuales el mayor consumo de pornografía en algunas sociedades está ligado a mayor propensión a crímenes sexuales. Sin embargo, estos estudios no demuestran una relación causal, sino que es más probable que ambas situaciones sean síntomas de otra causa como una represión sexual en los hombres y marginación de las mujeres. Además, estos estudios solo demuestran que esta relación se restringe a ciertos tipos de pornografía, como la violenta y sadomasoquista, que tienen un público más limitado.

El problema con esta legislación es que erige a unas personas en guardianas de la moral pública ya que el fondo les va a tocar a los servidores públicos decidir qué es pornográfico y qué no lo es. Recordemos cómo en los años 80 los guardianes de la moral decidieron que las películas la Vida de Brian, de Monty Python, y la Última Tentación de Cristo, de Scorsese, eran inmorales y prohibieron su exhibición en lugar de que el público fuera el que decidiera. Aquí se nos presenta un tema espinoso, ¿qué rayos es pornografía? ¿El desnudo? Si es así, pobres los pintores, fotógrafos, dramaturgos y los cineastas que hagan arte en Panamá, ahora podrán acabar con sus huesos en la cárcel si un burócrata decide que sus obras de arte son pornográficas.

¿Y qué con escenas de sexo explícito? Eso nos plantearía qué tan explícitas tienen que ser para que sean pornográficas. Películas como la japonesa el Imperio de los Sentido; las francesas Romance, El Amante, Baise Moi y Pola X; las estadounidenses Pink Flamingos, The Brown Bunny y Ken Park; las británicas Intimacy y Nine Songs; las alemanas Aimee und Jaguar, 24/7 la Pasión de la Vida; la danesa Celebration; la italiana El Diablo en el Cuerpo; y muchas otras (recuerden a Passolini) son filmes serios, con argumento, directores reconocidos, actores serios, no strippers, que tienen escenas tan explícitas como las de películas calificadas de pornográficas; pero ¿lo son? ¿quién decide? ¿Vamos a acabar como Miguel Ángel que se vio obligado a ver cómo el Papa ordenaba cubrir sus pinturas y esculturas de desnudos mientras dirigía las guerras de la contrarreforma, o cómo las estatuas del Departamento de Justicia de los Estados Unidos que el evangélico Richard Ashcroft ordenó cubrir, mientras que al mismo tiempo defiende los, a mi juicio, más pornográficos abusos de Abu Graib y Guantánamo.

Además, está el tema de qué moral tiene el Estado para intervenir en la vida sexual de personas adultas que actúan consensualmente. Una cosa es si los participantes en este tipo de películas son menores de edad o adultos que han sido engañados o forzados a actuar contra su voluntad o si la práctica se hace de una manera que perjudica a terceros, por ejemplo, en un lugar público. Pero si las personas son adultas que han consentido libremente en participar en películas que se filman en privado, se editan y copian en privado y son vistas por adultos que quieren ver este tipo de películas, el Estado estaría vulnerando su libertad de expresión y su intimidad con esta Ley. Si hoy permitimos esto, ¿mañana qué viene?, prohibir el sexo prematrimonial, el adulterio, la homosexualidad o ciertas prácticas sexuales consensuales, so pena de cárcel.

Lo divertido es que parece que la moral en Panamá solo es sexual, porque las películas de violencia nauseabunda ya no tienen ningún interés para los guardianes de la moral. Veo cómo películas violentas, que cuando fueron proyectadas en el cine originalmente eran solo para mayores de 18 años, hoy se pasan por televisión en horario estelar. O cómo películas como Hostal, que en Estados Unidos mucha gente pensó que debió haber sido NC-17, aquí se exhibió como para mayores de 14 años.

Aparentemente a mucha gente le ofende más que terceros vean películas sexualmente explícitas que ver a personas matándose de mentira en películas para todo público o de verdad en los noticieros y diarios o a los políticos gozando de fueros y privilegios indebidos. Allí está la verdadera pornografía.

El autor es abogado y miembro de la Fundación Libertad.


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