| LIBERTAD DE EXPRESIÓN.
Kirchner, la prensa y sus verdades
Danilo Arbilla
Buenos Aires. Como es usual, el presidente argentino, Néstor Kirchner, volvió a atacar a los periodistas y a la SIP y utilizó, también como es usual, un estilo poco propio de su investidura y argumentos poco ajustados a la verdad.
Era previsible. En su última asamblea, realizada a mediados de marzo en Quito (Ecuador), la organización interamericana censuró al gobierno de Kirchner por los ataques a la libertad de prensa, las limitaciones a determinadas libertades y los abusos de poder.
Lo de la SIP fue una de las tantas condenas o protestas, que se añaden a las de Reporteros sin Fronteras, IPI (Instituto Internacional de la Prensa), Human Rights Watch, y varias reconocidas organizaciones internacionales y argentinas que luchan por la vigencia de los derechos humanos en general y de la libertad de expresión en particular. Por supuesto que Kirchner ignoró esa larga lista e insistió en falsear la historia y reiterar versiones que han sido desmentidas hasta por sus más estrechos asesores.
A Kirchner se le ha acentuado su megalomanía: ya no habla en nombre de los argentinos; él es los argentinos. Cuando se le critica a él o a su gobierno, a quienes se critica, según su visión, es a los argentinos. "Siempre somos nosotros los culpables", afirma y añade: "si hay algo que sale mal es porque los argentinos somos malos, chantas (especie de ordinario, ignorante, vanidoso y fanfarrón, todo a la vez)… que no tenemos manejo diplomático…". Para empezar, las críticas vienen de otros argentinos y además son para él y su gobierno; es a él que lo consideran "chanta" y con poco manejo diplomático.
Con una arrogancia que parece no tener límites y haciendo gala, desde el poder, de "su valentía", lo que muchos argentinos califican de "matonismo", Kirchner habla de "su" derecho a la libertad de expresión. Este lo ejerce desde la Casa Rosada, al amparo y con toda la protección que significa ser presidente y sin reparar en las propias limitaciones que esa condición y esa investidura implican. La libertad de expresión de Kirchner llega hasta poder negarle cualquier tipo de publicidad oficial a quienes le critican y premiar con ella a quienes le aplauden. Kirchner no se fija en que esa publicidad se paga con bienes públicos, que aportan los argentinos, que no son suyos y que debe administrarlos con ecuanimidad, en base a criterios técnicos y en función de los intereses de la nación y no de los propios ni para pagar su campaña electoral y la de sus amigos y seguidores.
Para Kirchner todo eso está dentro de "su" libertad de expresión. Como la de cualquier argentino, según él, aunque estos no tengan tanto libre acceso a la caja pública.
Pero ni eso; precisamente entre las denuncias que realizó la delegación argentina en la SIP hay un caso que por un lado tiene que ver con las limitaciones que rigen para quienes ejercen el poder y funciones públicas y por el otro desnuda el arbitrario doble discurso del mandatario argentino.
Se trata del de Cecilia Pando de Mercado, que públicamente, en una carta al diario La Nación, criticó una decisión del gobierno y la consecuencia inmediata fue el pase a disponibilidad de su esposo, un militar de carrera con una foja de servicios brillante. Se le consideró co-responsable de los dichos de su esposa. Parece que en Argentina, como ocurre en muchos países, a los militares les está vedado hacer declaraciones políticas, aunque en este país, la restricción va más lejos y alcanza a sus cónyuges y, quizás, si las criticas son para Kirchner, también involucre a otros familiares y hasta amigos. No hay nada concreto, pero que se cuiden, porque puede pasarle como a la señora Pando de Mercado, que igual no se calla y eso es ser valiente, y ser víctimas de la "libertad de expresión" del señor Kirchner.
El autor es director del diario Búsqueda de Montevideo, Uruguay
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