| Inmigración en EU.
Una elevada valla y una enorme puerta
Thomas L. Friedman
Actualmente, Estados Unidos está luchando por encontrar el equilibrio apropiado de estrategias con respecto a la inmigración. En lo personal, favorezco una valla muy alta, con una gran puerta de acceso.
Hasta ahora, ni la propuesta del presidente Bush con respecto a permitir que los 11 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos permanezcan temporalmente con visas de trabajo, ni la contrapropuesta por parte de los republicanos, más bien de línea dura, que se centra tan sólo en la seguridad fronteriza, me deja satisfecho. Necesitamos una mezcla mejor de ambas; una en la cual Estados Unidos siga siendo el mayor imán de inmigrantes en todo el mundo. ¿Por qué?
En primer lugar, el mundo se está volviendo plano, y debido a que cada vez más personas por todo el mundo tienen acceso a las mismas herramientas tecnológicas para la innovación y la empresa. En un mundo de esa naturaleza, realmente tiene importancia dónde se concentra la innovación, debido a que es ahí donde se localizarán las mejores administraciones, investigaciones y empleos del área de ventas para cualquier empresa.
Debido a su cultura profundamente enraizada en la inmigración, Estados Unidos tiene una gran ventaja en un mundo de ese tipo. Si somos inteligentes, aún podemos extraer la mejor parte de las primeras selecciones intelectuales de todo el mundo más que cualquier otro país y traer ese talento a nuestras costas para fundar nuevas empresas y trabajar en otras.
Hemos pasado de la Era de Hierro a la Era Industrial, para luego entrar a la Era Informática y después a la Era del Talento, y los países que faciliten la selección de talento humano tendrán una clara ventaja.
¿Hay alguien por ahí que haya tratado de convertirse en ciudadano suizo últimamente? No es tan fácil y tampoco es ningún accidente que el producto más famoso de Suiza sea el reloj cucú.
En segundo lugar, un constante flujo de inmigrantes mantiene la flexibilidad y competitividad de una sociedad. En este mundo plano, más gente que nunca antes puede obtener una ventaja estratégica con la tecnología. Así que sin consideración a lo que se pueda hacer cualquier cosa que las tecnologías actuales permitan y faciliten alguien, en algún lugar, lo hará. El único interrogante gira en torno a saber si usted lo hará o si se lo harán a usted. Mientras más abierta a nuevas personas e ideas sea la sociedad a la que uno pertenece, más cosas serán hechas por usted, no se las harán a usted.
Nosotros no deberíamos meramente acoger de buena gana los inmigrantes educados, sino también a los jornaleros.
No solamente porque necesitamos trabajadores para labores manuales, sino debido a que ellos aportan una importante energía. Como le gusta decir al empresario indio-estadounidense Vivek Paul: "El solo acto de dejar tras de ti a tu propia sociedad es un intenso factor de motivación. Sea que eres médico o jardinero, estás intensamente motivado para triunfar".
Nosotros (los estadounidenses) necesitamos ese flujo constante de energía, en particular al tiempo que la India y China estallan sobre el panorama mundial con enormes aspiraciones acumuladas. Si usted quiere saber qué sienten China e India hoy día, tan sólo tome una botella de champaña, sacúdala durante 10 minutos y descórchela. No se ponga en el camino de ese corcho. Los inmigrantes mantienen ese tipo de energía fluyendo por las venas de Estados Unidos.
Una amnistía para los entre 11 y 12 millones de inmigrantes indocumentados que ya están en Estados Unidos difícilmente es lo ideal. Eso recompensaría una conducta ilegal. Pero, debido a que no vamos a deportarlos en su totalidad, todo parece indicar que alguna versión de la ley Arlen Specter es el camino correcto a seguir: los inmigrantes indocumentados que ya estaban en Estados Unidos antes del 7 de enero de 2004, podrían solicitar visas por tres años como trabajadores invitados, cada una de las cuales es renovable, una vez, si el solicitante paga una multa de 1,000 dólares y aprueba una revisión de antecedentes. Después de seis años, si el inmigrante aprendió suficiente inglés y pagó otra multa de 1,000 dólares e impuestos atrasados, él o ella podrían empezar a solicitar la ciudadanía estadounidense.
Pero, debido a que yo favorezco con firmeza la inmigración, también estoy a favor de una elevada valla si no una física, entonces al menos una credencial de identidad a prueba de manipulaciones o falsificaciones para cada estadounidense, sin la cual no se pudiera obtener un empleo legal o tener acceso a servicios gubernamentales. Nosotros no vamos a sostener una mayoría a favor de una inmigración flexible si no podemos controlar nuestras fronteras.
Buenas bardas dan como resultado una buena política de inmigración. Las vallas le dan mayor seguridad a la gente y la vuelven capaz de reflexionar sobre este tema con mayor calma. Las fronteras porosas le dan poder solamente a demagogos opuestos a la inmigración, como la vergonzosa estación CNN, que ocasiona un descenso en el nivel de todo el debate.
También nos hace falta controlar el flujo de inmigrantes, ya que una de las consecuencias derivadas del aplanamiento del mundo es que muchos empleos decentes en el más bajo nivel de una fábrica, que anteriormente estaban disponibles para alguien que apenas tuviera un diploma de bachillerato o menos, actualmente están desapareciendo. Como Dan Pink nota en su libro, A Whole New Mind (Una mente totalmente nueva), muchos de esos empleos ahora pueden ser realizados por una computadora más rápidamente o por un trabajador chino, a menor costo. Por tanto, no podemos meramente expandir incansablemente nuestra reserva de mano de obra especializada en labores manuales, sin condenar a la gente a ese, el más bajo estrato, en particular hombres negros, a un futuro de salarios en descenso o desempleo. Eso tendrá horrendas consecuencias sociales.
Por todas estas razones, yo sopeso cada propuesta de inmigración con dos preguntas: ¿Ofrece una verdadera valla? y ¿ofrece una verdadera puerta de acceso?'
The New York Times
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