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Reportaje especial
Panamá, lunes 10 de abril de 2006
 

ANÁLISIS.

De república bananera a república canalera

Eduardo Espino

Desde antes de la separación de Panamá de Colombia, la economía nacional dependía exclusivamente de las ayudas del gobierno central bogotano y de una muy precaria agricultura donde el banano era el principal cultivo de exportación. Sin embargo, el istmo panameño fue siempre un punto de trasbordo y comercialización de mercancías además de vía de paso desde los tiempos coloniales, entre el norte y el sur del continente americano.

Tenemos así que nuestra nación, por sus características geográficas, desarrolla la economía transitista luego de la construcción del ferrocarril y del Canal interoceánico por parte de Estados Unidos.

A partir de fines del siglo XIX y comienzos del XX, hay en nuestro país una escisión en lo económico; al haber un área canalera en las ciudades terminales de Panamá y Colón y, a la vez, sectores rurales donde el banano juega un rol importante en la cultura comercial del país. Existían dos enclaves: uno agroexportador potenciado por las bananeras y otro, emergente, por la actividad generada por el Canal de Panamá.

La economía nacional visto lo arriba señalado, pasa de ser un enclave bananero a un Estado que nace y se desarrolla por la construcción del Canal donde el cosmopolitismo del sector servicios es uno de los subcomponentes de la identidad de ciertos sectores nacionales. No obstante, por la falta de buenos gobiernos y por ende, objetivos de Estado, la actividad canalera obnubiló y absorbió casi toda la economía del país al hipertrofiarse el sector terciario (servicios) establecido en la zona de tránsito a expensas del desarrollo integral y articulado del interior de la República, el cual se fue rezagando y dependiendo más de las exportaciones bananeras en el sector agrícola. Vinieron masivas migraciones a las ciudades terminales y con ello un desordenado crecimiento de estas.

Un siglo de ausencia de un proyecto de Estado plenamente democrático y de economías de enclaves desarticulados agudizaron la dicotomía área de tránsito-interior de la República, aumentando la pobreza rural. Esta situación empieza a repetirse y profundizarse nuevamente con la ampliación del canal al querer apostarse todo a este importante pero insuficiente proyecto de inserción de la economía panameña en la economía global.

Si no hay una idea clara de cómo potenciar la economía panameña como un todo, la ampliación del Canal producirá crecimiento, pero no desarrollo con el riesgo de que estos beneficios derivados se disipen en el tiempo. No hay suficiente personal capacitado para tan magna obra que será ocupada mayormente por extranjeros, lo cual no es negativo en sí mismo, pero sí en términos del aprovechamiento de la oportunidad a nivel interno.

El Canal de Panamá debe ampliarse porque será obsoleto en el 2012 aproximadamente y caerá su valor estratégico comercial aceleradamente si no se amplía; pero esta gran obra no será por sí misma la panacea de la precaria situación en que se encuentra el país desde el punto de vista económico, porque si los costos son altos, la deuda también lo será y los beneficios no van a ser tan holgados como se piensa. Lo mejor sería despojarnos de querer convertir a Panamá en una república canalera donde la vía interoceánica se use para "solucionar el desempleo y la pobreza" bajo el demagógico concepto político predominante desde 1964 hasta la fecha. La ampliación será provechosa con una menor intervención gubernamental en la macroeconomía y con un costo-beneficio lo más bajo posible.

Además parece más factible ampliar para que circulen más barcos panamax que dirigir los esfuerzos sólo a los postpanamax. En el primer caso los costos serán menores y hay mejores cifras de proyección a nivel internacional sobre el flujo de estas embarcaciones para las siguientes décadas. Creer que no hacer nada y subir peajes indefinidamente "porque el Canal es panameño y soberano" es un gravísimo error en el que han caído otros países latinoamericanos y de África y Medio Oriente, en el que se protegen recursos estratégicos y enclaves económicos sobre la base de un nacionalismo trasnochado el que eventualmente conlleva a más carga fiscal por falta de inversión extranjera, y excesiva dependencia de fondos de parte de ese único recurso natural (gas, petróleo, oro, etc).

Quizás, para que esto último no ocurra tendrá que darse participación a empresas transnacionales para que inviertan lo que requerirá de eliminar el precepto constitucional del Canal como "patrimonio inalienable de la nación panameña". Caso contrario, nos convertiremos en una república que vive para el Canal o república canalera con un inmenso potrero de miseria y hacinamiento en el resto del país.

El autor pertenece a la Fundación Libertad

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