| polémica.
El Defensor del Pueblo y sus detractores
Faustina García de Molino
Pacientemente he aguardado (afortunadamente tengo la capacidad de saber esperar) para ver, leer y escuchar hasta dónde llega la maledicencia humana. Porque hay maldad cuando no se quiere reconocer ni aceptar que el doctor Liborio García Correa, nuevo defensor del Pueblo, es inocente de la acusación de maltrato que le hiciera la señora Hilda Lorena Moreno, ya que fue sobreseído (exento de responsabilidad). Sus detractores, algunos por motivos personales, han insistido en catalogarlo como maltratador y lo que más indigna es que el ensañamiento provenga de personas que sin ninguna autoridad moral y mucho menos trayectoria de lucha por los derechos humanos, hayan preferido lanzar piedras a aceptar la verdad, porque no hay peor ciego o sordo que el que no quiere ver ni oír.
Hay deseo de hacer daño cuando se ha orquestado una campaña para desacreditarlo a toda costa. Por ejemplo, han dicho que maltrata a unos hijos que no tiene; no han vacilado en contactar a sus novias, incluso de la adolescencia, para ver si les pegaba; se le recomienda ir al psiquiatra, pero ¿no será la recomendante la que lo necesita con urgencia?; hay una insinuación un tanto velada cuando se quiere saber si es racista, a pesar de que su esposa no es de raza blanca; se le cuestiona su religiosidad, sin embargo, algunos de sus críticos cuando socialmente les interesa (bautizos, confirmaciones, matrimonios, muerte de parientes), no vacilan en utilizar los servicios y ritos de la Iglesia a la que tanto vituperan; le enrostran que su padre era PRD y ocupó un cargo en la dictadura, no obstante, en los 21 años, 2 meses y 9 días que duró ésta, muchos de estos reprochadores jamás participaron en una protesta contra los tiranos, y otros, que sí lo hicieron, hoy se abrazan y pelechan del antiguo enemigo; el furibundo perdedor ha dicho que seguirá con su denuncia, ¿estaría él dispuesto a someterse a un análisis de su conducta privada?
Es muy cierto que algunas de las declaraciones del doctor García Correa han sido desafortunadas y, por tanto, no lo han favorecido; pero esto no lo incapacita para ejercer la posición. Lamentablemente, el amor (que se dice es ciego) y la caballerosidad que lo distingue, no le han permitido ahondar en hechos que, al fin y al cabo, solo son de su incumbencia.
Lo que sí hay que tener claro es que existen mujeres que jamás permitirían que un hombre las avasallara y menos les pusiera una mano encima y, precisamente, este es el caso de la señora Moreno, y solo ella sabrá cuál fue el motivo que la indujo a hacer acusaciones sin fundamento y sin medir las consecuencias de su acto.
De unos años para acá, hay un grupito de personas que se ha arrogado el derecho de erigirse en representante de la llamada sociedad civil y alegremente, sin un análisis previo y solo con lo que sale en los medios de comunicación (que muchas veces carecen de la más mínima objetividad porque depende de la persona que sea para que la defiendan o la ataquen), cuestionan lo que se presente, aunque callan en los casos en que están involucradas personas de su simpatía.
Se ha dicho que cuando alguien opta por un alto puesto público, se le debe hacer un minucioso escrutinio de su vida privada. Estoy de acuerdo; pero también creo que a los que dirigen los medios de comunicación social igualmente se les debe hacer lo mismo, ya que su responsabilidad es enorme porque no solo informan a la población sobre los hechos que acontecen diariamente, sino que la orientan; por ello influyen, positiva o negativamente, en los lectores, televidentes o radioescuchas, que en la mayoría de los casos se deja llevar por los criterios de los comunicadores (algunos con techo de vidrio), que pueden ajustarse o no a la verdad, ya que se han dado casos en que ensalzan a un farsante y condenan a un inocente.
Asimismo, se le debe hacer un examen de sus vidas a los que se consideran líderes de diferentes causas, para determinar si tienen la suficiente solvencia moral para guiar a sus seguidores.
Nadie puede negar que las mujeres han sido víctimas de la mentalidad machista que ha dominado el mundo desde sus inicios. No obstante, jamás he creído que hay que ponerse de parte de la mujer con razón o sin ella, porque esto no es una cuestión de género, sino de justicia.
Es una realidad que la violencia doméstica se agudiza cada vez más y hay que denunciarla y combatirla sin darle tregua. Empero, el maltrato no es solo de golpes y gritos, lo hay de muchas formas: la infidelidad conyugal, por ejemplo, que trae tanto desasosiego e infelicidad en la familia; el desamor y abuso con las personas mayores, sobre todo si están enfermas; la negligencia en la crianza de los vástagos; las preferencias sexuales de los hijos y hasta de los cónyuges que provoca tanta discordia en el hogar, y así se pudieran enumerar muchas situaciones de la vida diaria, porque no tenemos un ser humano perfecto y todo esto hace que la paz en la familia se resquebraje.
Quiero dejar sentado que no defiendo al doctor Liborio García Correa porque es mi sobrino. Lo hago, como lo he hecho siempre con otros, porque es inocente de los cargos que se le imputan y así lo consideran muchísimas personas que le han brindado a la familia sus muestras de solidaridad y simpatía, pero como estas personas no salen en televisión ni escriben en los diarios, no se ven.
Si los medios de comunicación social (muy quisquillosos cuando a ellos se les cuestiona) y el grupo feminista extremista, que lo han juzgado y condenado, no han querido aceptar las evidencias de su inocencia, entonces quedan descalificados para erigirse en paladines de los derechos humanos.
Al resto de los inquisidores, que como no tienen que rendir cuentas de su conducta porque no son funcionarios –aunque igual si lo fueran porque sus vidas son impolutas–, les digo que nada podemos hacer contra sus ataques que presumo seguirán hasta cuando se cansen o encuentren otra víctima.
La autora es educadora
Además en opinión
• De república bananera a república canalera: Eduardo Espino • El problema de la formación docente: Paulino Romero C. • Es necesario un debate bien documentado: Carlos Ernesto González de la Lastra • El Defensor del Pueblo y sus detractores: Faustina García de Molino • Una extraña denuncia: Rosabell Jiménez
|