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Reportaje especial
Panamá, viernes 7 de abril de 2006
 

DISCRIMINACIÓN.

Terrorismo doméstico y equidad

Pedro Sitton Ureta

Recientemente me ha sorprendido leer, en un par de artículos de opinión, una serie de comentarios desafortunados y claramente discriminatorios en contra de la mujer y al principio de igualdad de género que debe imperar a todos los niveles en la sociedad actual.

En primer lugar, es lamentable que un funcionario del Ministerio Público, independientemente del propósito de su artículo, expresara que "debemos aceptar que no siempre este tipo de acusaciones (violencia doméstica) son ciertas y las leyes y la percepción actual del problema permiten abusos. En ese sentido, me comentaba un colega especialista en derecho de familia que verdad de hombre no puede competir con lágrimas de mujer".

No discuto el derecho de expresarse de dicho funcionario, pero como se podrá apreciar, ese tipo de manifestaciones son el mero reflejo de percepciones machistas de una sociedad que no termina de entender que las lágrimas de una mujer maltratada anteceden a la sangre que a tantas otras les ha sido derramada por un terrorismo de género insoportable dentro de una sociedad moderna.

La pregunta salta a la vista. Qué mujer, después de leer los comentarios citados en dicho artículo, podrá tener confianza en acudir al Ministerio Público a denunciar un caso de violencia doméstica, si de manera clara se observa que funcionarios de instrucción, que pudiesen estar encargados de esas investigaciones, tienen este tipo de estigmas en contra de ellas.

Sin embargo, considero que lo expresado en dicho artículo no refleja en nada la postura institucional del Ministerio Público y, por ello, soy un convencido de que la actual Procuradora de la Nación establecerá los mecanismos constantes y necesarios de sensibilización a los funcionarios de instrucción en un tema que a todas luces no es comprendido en su justa dimensión.

Por ello, considero que sería muy conveniente que a los funcionarios de instrucción y juzgamiento de este tipo de delitos se les dotara de una capacitación en derechos humanos, especialmente sobre violencia de género y familiar, para que entendieran a cabalidad este problema, no solo desde la óptica de la legislación nacional, sino también de los convenios ratificados por Panamá, que garantizan los derechos de las mujeres y la igualdad de género ante la ley.

Esta tarea de formación para combatir ideas y percepciones machistas en relación a la violencia de género no será fácil, ya que como lo dijera la diputada holandesa Ayaan Hirsi Alí, quien nos recuerda que "El 8 de marzo fue el Día de la Mujer. En ese día, todos los años, celebramos nuestros triunfos y condenamos nuestro sufrimiento. Pero un día no es suficiente. Necesitamos más de un día, más de un año, más de un decenio y, puede ser, hasta todo un siglo para luchar y vencer este mal de la humanidad denominado generocidio".

Por otro lado, un distinguido galeno, en un artículo que supuestamente defendía el rol de la mujer en el mundo político, manifestaba que "debido a la paupérrima gestión de nuestra primera presidenta [esto] ha provocado el sepelio de la mujer gobernante en Panamá, al menos durante varios próximos lustros".

Este segundo comentario es de igual forma otro reflejo de una percepción machista de la sociedad panameña, que perjudica el acceso a la mujer a posiciones de relevancia política ya que le condicionan a un requisito de excelencia que no requiere el género masculino para ocupar las mismas posiciones dentro del engranaje gubernamental.

A nadie se le ocurriría afirmar que debido a una pésima gestión de un gobernante, este sea el sepelio del "hombre gobernante" en Panamá y jamás he visto en nuestro política criolla que se condicione la presencia masculina en cargos de responsabilidad política a la calidad de gestión de dicho género.

Es mi opinión, y compartida por muchos más, que el acceso de las mujeres al poder político en todos sus niveles debe darse sin condicionamientos de ningún tipo y que depende más de una serie de factores necesarios para que pueden ocupar cargos en la administración pública, sin necesidad de demostrar supuestas capacidades o competencias que no se le exigen al género masculino.

Está claro que la lucha de las mujeres por acceder a cargos de relevancia política será larga en nuestro país y se requerirá de una manifiesta voluntad política, leyes imperativas y un cambio de la mentalidad machista de la sociedad para que se dé el paso cualitativo que permita que la mujer deje de ser considerada "la costilla política del hombre" y se convierta en su par, sin condiciones ni trabas algunas que le permitan ejercer sus derechos políticos a plenitud.

Por ello, cualquier intento, por mínimo e insignificante que pareciera ser a la hora de discriminar al género femenino en el desempeño de cargos de responsabilidad política, merece la inmediata repulsa de la sociedad. Sólo así se conseguirá que hombres y mujeres compartan al mismo nivel los destinos de guiar a la nación panameña.

Finalmente, me permito citar al secretario general de la ONU, Koffi Annan, quien acertadamente ha manifestado que "Alcanzar la justicia y la equidad en el mundo, pasa necesariamente por tratar con justicia y equidad a la mujer".

El autor es abogado internacionalista


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