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Reportaje especial
Panamá, viernes 31 de marzo de 2006
 

leyes de tránsito.

Las guerras de paz

Manuel E. Barberena R.

Colombia padece hace unos 60 años una guerra civil que la periodista Olga Behar ha llamado en su libro del conflicto, Las Guerras de la Paz. Panamá tiene también sus guerras de la paz, que han empezado ya, sin que ni la llamada sociedad civil ni el Gobierno se den cabal cuenta.

El campo de batalla panameño es la ciudad de Panamá, y las guerras que alteran la paz son los traficantes de drogas, la criminalidad, la corrupción generalizada y los medios de transporte. No son sólo los diablos rojos el enemigo público número uno, ni sólo son los taxistas desaforados, es todo el sistema de transporte el que está en una bancarrota moral y en abierto desafío a las autoridades.

Reglas que no se cumplen, manejo arbitrario, lesionados, víctimas fatales.

Es una desobediencia general y un colapso del ordenamiento social lo que estamos padeciendo.

Unos 400 panameños mueren anualmente en los infortunios del tránsito. Ya están marcados los que morirán irremediablemente durante el resto del año sin que ellos se den cuenta de su fatalidad.

El problema del tránsito se podría resolver con sólo quererlo, pero la solución la hacen imposible los intereses creados. Muy poderosos han de ser, y mucha influencia han de tener, cuando durante más de cinco décadas los gobiernos civilistas y los militaristas han estado mirando hacia otro lado en el problema. ¿ Por qué las autoridades del Tránsito, preocupadas por mejorar el sistema, no invierten el dinero que recaudan de las infracciones y las colisiones, en capacitar al personal del Tránsito, y se pueda ofrecer a la ciudadanía un sevicio más profesional y respetable en las calles? ¿A quiénes benefician los tranques? ¿A cuánto ascienden las pérdidas por los daños de los vehículos accidentados?

El signo más feo del sub-desarrollo lo tenemos en el sistema de transporte obsoleto, el libertinaje en el manejo, y en la falta de presencia policial y aplicación de la ley con probidad y honradez.

Presidente, ministros, diputados, asesores, clubes cívicos, las iglesias, sólo contemplan pasivamente el número de muertes cada año, que afligen a los ciudadanos, sin que se vean las medidas apropiadas para restablecer el orden.

En la entrada de la barriada de Miraflores, en la Transístmica, hay un punto donde convergen tres rutas: Los que entran a Miraflores, los que salen de Miraflores, y los que vienen como bólidos del sector de San Miguelito. Como no hay semáforo, cada quien "se tira" por su cuenta desafiando la muerte, la suya y la de los otros. Allí la señal que dice "No gire a la izquierda" es desobedecida cientos de veces. En estos días había un policía apostado para impedir la infracción. Mentira. Estaba allí para poner boletas, y como la multa no educa, apenas el guardia se fue volvieron los semisalvajes a hacer los giros prohibidos a la izquierda.

Otro caso, tocado por la irracionalidad, son los desvíos laterales para girar a la izquierda o a la derecha cuando la flecha verde lo indique; sólo se permite pasar a unos siete carros para ser y girar, y hay que esperar tres cambios de semáforo para seguir la ruta. No ha nacido el genio que agregue unos 15 segundos al tiempo, y deje pasar de una vez a todos los vehículos que están en la fila.

El artículo de opinión del señor I. Roberto Eisenmann, Jr., publicado en La Prensa el 18 de marzo bajo el título El Tránsito y los Policías, debería provocar respuestas positivas de las autoridades y de los conductores. Es un trabajo acertado y basado en hechos reales de todos los días. A propósito del enfoque acertado del señor Eisenmann, aquí está lo que dice el diccionario de la palabra certeza: "Conocimiento seguro y claro de alguna cosa. // Firme conocimiento de una cosa, sin temor a errar".

El autor es licenciado en periodismo


Además en opinión

En defensa de la institucionalidad: I.Roberto Eisenmann, Jr.
Si este fuera mi negocio...: Lenín Sucre
Globalización y leyes profesionales: Luis Cubilla Ríos
Las guerras de paz: Manuel E. Barberena R.
Hay que disfrutar la vida: Adrian Jelenszky



 
 
 
 
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