| NACIONALIDAD.
Globalización y leyes profesionales
Luis Cubilla Ríos
The world is Flat es una obra publicada en el 2005, cuyo autor es el periodista Thomas L. Friedman del New York Times. El contenido de la misma se centra en ilustrar la competitividad de Estados Unidos frente a otros polos de desarrollo (caso de China e India); describe en detalle cómo empresas de capital americano buscan mano de obra de bajo costo, pero a la vez muy especializada en estos países. Al mismo tiempo urge al Gobierno de Estados Unidos a hacer inversiones en el área de ciencia y tecnología para mantenerse competitivo en un mundo global. Critica los recortes presupuestarios a las agencias de EU encargadas de fomentar y financiar la investigación y la enseñanza de las ciencias básicas y tecnológicas.
Recientemente se informó que el Gobierno en respuesta a estos comentarios destinó fondos extraordinarios para investigación. La obra en resumen tiene un contenido similar al aparecido en el artículo de opinión publicado en este diario el lunes 27 de marzo titulado Panameños, ¡el mundo es plano!, del señor Enrique Ho Fernández.
Dado que para ser competitivos hay que tener conocimiento y destrezas en la profesión en la cual se es especialista, se requiere para lograr estas competencias que los sistemas de educación formal e informal sean fortalecidos, es decir contar con estrategias bien diseñadas y el financiamiento adecuado. De allí que el Estado, que espera que sus ciudadanos sean competitivos en un mundo plano (globalizado), tiene que hacer las inversiones necesarias sin poner parches ni remiendos con políticas agresivas y completas en todos los niveles educativos, sin restricciones de ninguna clase.
Hasta el día de hoy el mercado de EU, en todas las áreas, es de los más protegido muy a pesar de ser una potencia en el desarrollo de las ciencias y las tecnologías. Aún para aquellos que sean emigrantes por razones de estudios, después de obtener sus grados académicos deben pasar por un sinnúmero de controles hasta obtener lo que conocemos como la tarjeta verde. En otras palabras existe una protección para el nacional sin que esto quiera decir que no hay oportunidades para los emigrantes o extranjeros.
Y es aquí donde quiero hacer referencias a la ley que regula las actividades de los especialistas en Biología, recién aprobada por los diputados. Algunos se quejan de la protección que confiere a los panameños que escogieron esta profesión, una de las obligaciones primarias del Estado es la de garantizar a sus ciudadanos un trabajo. Probablemente los más enconados detractores de esta y otras leyes similares son los inversionistas, que son los mismos que están más a favor de los tratados de libre comercio. A ellos les interesan las ganancias que puedan obtener y no los orígenes de quien pueda hacerles los trabajos requeridos en sus empresas aún por encima del Estado panameño y el bienestar de sus conciudadanos.
En un mundo globalizado que algunos escritores han dado por llamar globalización depredadora, ya que conduce a una moderna forma de esclavitud, prevalece el criterio de los porcentajes de ganancias que entran a las cajas registradoras más que en el bienestar de los conglomerados.
En Panamá los ejemplos más visibles son la contratación de extranjeros en los proyectos de construcción y en menor escala en cada una de las otras profesiones y es por ello que no nos debe sorprender que a pesar de que el producto interno bruto se vea incrementado, el desempleo no disminuye debido a que más de un inversionista o industrial que desarrolla un proyecto, contrata mano de obra extranjera.
En el caso de los biólogos egresados de la Universidad de Panamá, muy a pesar de lo que señala la periodista Ana Alfaro en el suplemento Mosaico del domingo 26 de marzo, no es alardear de que sean los únicos que puedan ejercer dicha profesión, es proteger a sus ciudadanos de los apetitos económicos de otros.
Modestia y aparte hay muy buenos profesionales de la biología egresados de la Universidad de Panamá, que han logrado éxitos en las mejores universidades, pero que lamentablemente cuando han decidido regresar ni los empresarios ni el Estado les ha proporcionado las mejores condiciones. Lamentablemente, existe un desconocimiento fatal de la realidad científica y académica de nuestras instituciones sobre todo por parte de profesionales cuya estructura de la realidad está concebida mayormente por el lápiz y el papel.
Es necesario que exista un control de los profesionales que sirven en el país en las diferentes áreas del conocimiento, si ya los nuestros nos presentan títulos falsos con los cuales ejercer, qué se espera de los demás, porque no sólo hay pecadores en Panamá sino en todo el mundo.
Es probable que profesiones relacionadas con las ciencias naturales y tecnológicas no se hayan percatado que el señor Presidente ya ha firmado un decreto donde se alude a la eliminación de la nacionalidad como requisitos para ejercer en estas áreas del saber humano.
Finalmente, si se pretende eliminar de todas las profesiones el requisito de la nacionalidad, eliminémosla también para ejercer el cargo de Presidente de la República y diputado, que seguramente los hay que puedan ejercer con mayor eficiencia y ser más competitivos que los que hemos tenido y tenemos ¡pero cuidado que nos toca un George. W. Bush!
El autor es doctor en Química orgánica y docente universitario
Además en opinión
• En defensa de la institucionalidad: I.Roberto Eisenmann, Jr. • Si este fuera mi negocio...: Lenín Sucre • Globalización y leyes profesionales: Luis Cubilla Ríos • Las guerras de paz: Manuel E. Barberena R. • Hay que disfrutar la vida: Adrian Jelenszky
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