| DEMOCRACIA.
En defensa de la institucionalidad
I.Roberto Eisenmann, Jr.
Recuerdo como si fuera ayer cuando en el '89 —luego de la costosa invasión y reinstalación de un gobierno legítimamente elegido por el pueblo— el nuevo gobierno fue formado en buena parte por Accionistas Fundadores y colaboradores de La Prensa.
A la pregunta de los periodistas internacionales de que si La Prensa se iba a volver gobiernista, mi respuesta fue que cuando se fundó el periódico el mandato de los más de 700 accionistas de La Prensa era que formáramos el Diario Libre de Panamá… y que libre significa libre de todos los poderes… principalmente libre del poder gubernamental. Me hacían una mueca cínica como poniendo en tela de duda mi respuesta… a lo que les adicioné "observen el periódico cada día y allí podrán comprobar si mi posición es retórica o verdadera".
La Prensa ya no era enemiga de un régimen militar de-facto, pero como básica infraestructura democrática felicitaba los aciertos y criticaba con firmeza los desaciertos de los amigos convertidos en gobernantes.
La mayoría entendió que la libertad de expresión fue en gran parte la razón de nuestra lucha conjunta, y que 'libertad' es eso: ser libre y criticar lo criticable… no el ser relacionista público de un gobierno por estar conformado éste por amigos.
Sin embargo, ante la crítica algunos se sintieron 'traicionados' y hubo una increíble lucha interna en la que afortunadamente la gran mayoría de los accionistas del periódico decidió por la libertad, por más incómoda que ella fuera… y se consolidó La Prensa como el Diario Libre de Panamá… siempre libre, cualquiera fuera quien gobernara.
Traigo este pasaje a colación porque durante esa crisis el argumento usado por los que objetaban la posición de La Prensa fue que la institucionalidad democrática era débil y que había que cuidarla de la crítica que la podía destruir; nuestra posición era contraria: que la institucionalidad democrática se fortalece, se vigoriza y se consolida con la verdad, con la libertad, con la crítica. Lejos de debilitar la institucionalidad, con la crítica se fortalece y consolida… y así fue.
Hoy tenemos a personas en altos puestos de gobierno (sobre todo dentro de la cúpula del poder judicial) con el mismo equivocado enfoque del '89. Su postura: "no podemos aceptar que cometemos errores. No podemos aceptar que existe corrupción en nuestra institución, porque sería hacerle el juego a los enemigos de la institucionalidad". ¡Vaya craso error!... o, aún peor, ¡vaya justificación para tapar las porquerías y corruptelas que hay dentro de sus instituciones! La palabra 'corrupción' proviene del verbo en latín 'rompere'> romper. Esa actitud es precisamente la que podría romper la institucionalidad ganada luego de una lucha que costó sangre y sacrificios de muchísimos panameños y panameñas.
La única forma de defender la libertad es con más libertad, no con menos.
La única forma de defender la integridad de las instituciones es con más transparencia, no con menos. La única forma de corregir la corrupción es aceptando que existe, y entonces atacarla con firmeza.
La única forma de defender la democracia es luchando por más democracia.
La democracia nunca se alcanza totalmente; es un ideal. Hay que ir perfeccionándola con una lucha día a día, sin descanso, buscando siempre expulsar del seno de sus instituciones a los que con la mentira y la corruptela vergonzosa atentan a diario contra ella. Estos son los que están siempre dispuestos a sacrificar la libertad por el poder… y por la arrogancia del poder.
Para ello la democracia requiere que cada ciudadano y ciudadana se convierta en su permanente centinela.
El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana
Además en opinión
• En defensa de la institucionalidad: I.Roberto Eisenmann, Jr. • Si este fuera mi negocio...: Lenín Sucre • Globalización y leyes profesionales: Luis Cubilla Ríos • Las guerras de paz: Manuel E. Barberena R. • Hay que disfrutar la vida: Adrian Jelenszky
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