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Corresponsal LaprensaDC@aol.com WASHINGTON, D. C. — En esta pugna jurídica entre dos militares, Manuel Antonio Noriega ya ganó la primera ronda, pero Thomas James Bleming rehúsa darse por vencido. Incluso hay momentos en que Bleming se entusiasma con la idea de que quizá ya ganó su pleito por default, porque Noriega no respondió al pleito dentro de los 45 días estipulados por el reglamento judicial estadounidense. Se trata de una demanda civil contra el ex dictador Noriega, por 21.5 millones de dólares, que el estadounidense Bleming interpuso primero en 2002 bajo el "Alien Tort Claims Act", una ley que ha permitido que salvadoreños, guatemaltecos y paraguayos obtengan veredictos favorables con compensaciones multimillonarias en los tribunales estadounidenses por los atropellos que sufrieron a manos de funcionarios en sus países. Pero como esa ley ampara solamente a demandantes extranjeros, Noriega logró que ese primer pleito de Bleming fuera rechazado en 2005. No obstante, el fallo del juez Allan Johnson, del Tribunal Federal de Wyoming, dejó abierta la posibilidad de que Bleming volviera a presentar su pleito bajo la "Torture Victims Protection Act", que sí se aplica a víctimas estadounidenses y que ha producido veredictos por montos multimillonarios contra militares salvadoreños. Bleming así lo hizo en octubre del año pasado. Noriega no se molestó en responder inicialmente, pero recientemente envió documentos al juzgado en que alega que el caso ha prescrito y que él tiene inmunidad por ser prisionero de guerra. Tanto el demandante Bleming como el demandado Noriega están representándose a sí mismos, sin abogados. Hace más de 25 años Bleming admite que en 1979 él fue a Panamá como parte del Frente para la Liberación Nacional de Panamá, "un movimiento armado de oposición que buscaba derrocar la dictadura militar". Fue reclutado, dice, por panameñistas vinculados a la comunidad de cubanos exiliados en Miami. Él asegura que Arnulfo Arias estaba al tanto del plan y que la CIA (Agencia Central de Inteligencia) le hizo saber que ellos no tenían objeción, "pero que si éramos capturados, ellos negarían todo vínculo con nosotros". Otro que apoyaba el plan, dice Bleming, era Anastasio Somoza, el dictador nicaragüense. Bleming, veterano de la guerra en Vietnam, también admite que él era un mercenario (soldier of fortune es la frase que él usa). Afirma que los panameñistas le prometieron 100 mil dólares en efectivo, unas tierras en Panamá, y un puesto con el Ejército panameño que sería reconstituido tras la caída de la dictadura. Bleming insiste, sin embargo, que su motivación no era el dinero. "Yo estaba predispuesto a ver esta lucha en Panamá con buenos ojos [porque] estaba en contra de los tratados canaleros". "¿Darle eso a un dictador, especialmente a uno que era aliado cercano de Fidel Castro? No. De modo que no fue difícil que estos revolucionarios [panameños] me convencieran de que su causa era correcta". "Para mí, era una tarea patriótica ... y yo estaba dispuesto a dar la vida", relata Bleming. Al reclutarlo, alega este, los panameños le dijeron "que no podrían deshacer el tratado canalero, pero que tendrían un país libre y anti-comunista". Todos entendieron que las muertes de Noriega y Omar Torrijos eran parte del plan. "Ellos tenían un deseo intenso de eliminar a Torrijos", asegura Bleming, "y si hubiéramos podido matarlo, lo hubiésemos hecho". Pero las cosas no llegaron a ese extremo. El pequeño bando guerrillero se armó de municiones y dinero, hizo varios viajes a Centroamérica y Panamá, y lanzó su primera misión en febrero de 1979, con un ataque al sistema eléctrico de David. Se pensó que Noriega vendría a examinar el daño y se preparó una bomba para matarlo allí mismo, pero el explosivo fue descubierto. Bleming y algunos en su bando de guerrilleros fueron capturados en la noche del 11 del octubre de 1979. Bleming está seguro de que uno de los panameños en su bando los traicionó y cree saber quién fue. Prisión y maltrato Los capturados eran dos estadounidenses —Bleming y Wilfredo Bermúdez— y dos panameños —Luis Martinz y José Vicente Barletta—, pero la prensa oficialista panameña implicó también a Manuel Vallarino Quijano, a Juan Carlos Voloj y al ex oficial de la Guardia Abraham Crócamo. Un editorial bajo la dirección de Escolástico Calvo proclamó, refiriéndose a "los políticos desalojados del poder en 1968, que "el afán golpista, subversivo, terrorista, parece ser el único camino conocido por esta minoría recalcitrante a la cual se han ofrecido todas las oportunidades democráticas que garantizan la Constitución y la ley". Ante el epíteto de "terrorista", Bleming responde que "nosotros estábamos luchando para liberar al país —los que nos acusaban de terroristas, eran terroristas ellos mismos—". En todo caso, los panameños capturados fueron puestos en libertad rápidamente, pero no así los dos estadounidenses. Según los documentos del pleito, los próximos 21 meses en Coiba, la cárcel Modelo, y la Cárcel de Santiago fueron para Bleming y Bermúdez una pesadilla de quemaduras, golpizas, cuchilladas y amenazas. Les ponían revólveres a la cabeza y les decían que se prepararan para morir. Los "paseaban" en avión y les decían que los iban echar al mar. Los amarraban a una silla y los sumergían en agua hasta casi ahogarse. Les negaban agua, comida, cama, sol, ejercicio, teléfono y atención médica. En el pleito, Bleming afirma que "en todo momento" Noriega, como jefe del G-2, tenía control sobre las circunstancias de su encarcelamiento y autoridad sobre los oficiales que lo abusaban. Desde un principio, Bleming dispuso firmar lo que le pusieran por delante, lo que permitió que las autoridades panameñas hicieran alarde de tener su confesión. Bermúdez fue más terco, advirtiéndole a Bleming que "no se puede hacer tratos con esta gente". El país de las maravillas
El Gobierno panameño no avisó a la Embajada estadounidense de la captura de Bleming y Bermúdez hasta 10 días después del hecho y los cables diplomáticos que Bleming ha obtenido (gracias a la Ley de Acceso a la Información en Estados Unidos) no muestran que la embajada se haya preocupado mayormente por ayudarlos. Cuando uno de los oficiales consulares preguntó si se les podía prestar unos catres para que Bleming y Bermúdez no tuvieran que dormir en el piso, la respuesta en el Consulado fue: "¿Es que estos dos presos no tienen 27 dólares cada uno para comprar los catres?". Cuando ellos llevaban unos nueve meses de estar presos sin que se les presentara cargos o se les hiciera juicio, el cónsul estadounidense en Panamá envió una nota al embajador Ambler Moss, advirtiendo de que si la Embajada no tomaba un interés más activo en el asunto, "estaremos altamente vulnerables a la acusación de que somos cómplices en el encubrimiento de una injusticia". Aun así, Bleming y Bermúdez siguieron presos un año más. Cuando el cónsul estadounidense le escribió a Noriega para pedirle que este "ejerza su influencia decisiva" para liberarlos, Noriega demoró casi tres meses en responder. Cuando lo hizo (en una carta dirigida al "ciudadano cónsul"), dijo que "es nada lo que puedo hacer [porque] ni siquiera el señor Presidente de la República podría sustraer el caso del conocimiento de las autoridades judiciales". Cuando el cónsul pidió cita con Noriega, este se hizo de rogar durante cuatro días seguidos y finalmente lo recibió con planteamientos que el cónsul encontró dignos de Alicia en el país de las maravillas. Cuando los medios oficialistas reportaron que el entonces presidente, Aristides Royo, había decretado una amnistía, Noriega le dijo blandamente al cónsul que esa amnistía era para los panameños, pero no para los estadounidenses. PETICIONES Cuando varios senadores se quejaron y la Casa Blanca al fin exigió explicaciones de por qué Bleming y Bermúdez no habían sido enjuiciados ni liberados, estos fueron puestos en libertad el 20 de julio de 1981, pocas semanas antes de que muriera Omar Torrijos; Bleming deja entrever que él ve la mano de la CIA en esa coincidencia. En su pleito pide un millón de dólares por cada mes de su detención en Panamá, pero él dice que en verdad no quiere el dinero. "Lo que quiero es ciudadanía panameña honoraria, porque llevo un pedacito de ese país en el alma". "No aceptaría un centavo de ese dinero", dijo Bleming a este diario. Lo que lleva en el alma también lo ha llevado a contraer matrimonio con Zoe Beauregard Cañizales, una panameña que tiene parentesco con la familia Torrijos. Aunque Bleming dice estar "orgulloso" de lo que hizo en Panamá, él se siente desilusionado con todo el liderazgo político del país, tanto arnulfista como perredista. "Yo apoyé a Martín Torrijos en las últimas elecciones...pero él también ha decepcionado al pueblo". "Su país tiene a miles de personas encarceladas que han robado para darle de comer a sus familias, pero no hay una sola persona en la cárcel que haya robado millones. Eso no está bien. Eso no es justicia social". ¿Idealista o terrorista? . MERCENARIO: A Thomas Bleming le ofrecieron 100 mil dólares por ayudar a derrocar a Omar Torrijos. . MOTIVACIÓN: Se oponía a los tratados canaleros con "un dictador amigo de Fidel Castro" . TORTURA: Pasó casi dos años en cárceles panameñas sujeto a maltratos. . SOSPECHA: Fue liberado poco antes de la muerte de Torrijos. . DEMANDA. Pide un millón de dólares por cada mes que estuvo detenido en Panamá. Además en Panorama
• Panamá, puente de trata de personas
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