Panamá es puente para lo bueno y para lo malo. Somos un istmo repleto de virtudes por explotar, de argumentos para vender a turistas, inversionistas y miradas generosas. Pero también somos el puente tranquilo para los que quieren delinquir sin ser molestados.
Hasta ahora éramos conscientes de cómo los narcotraficantes han utilizado, y utilizan, suelo panameño para sus negocios ilícitos. También hemos visto cómo las armas siguen el tránsito al revés, de norte a sur. Ahora, la Organización Internacional para las Migraciones nos llama la atención para que seamos conscientes de cómo se trafica también con personas utilizando Panamá como puente.
No es un tema menor, se trata del segundo renglón en la lista de tráficos ilícitos que generan lucro a nivel mundial y es aún peor que el resto porque, en este caso, la mercancía es humana.
Cero tolerancia a los traficantes y cero consentimiento y credulidad social a los golpes de suerte que caen del cielo y que suponen una visa fácil, un trabajo increíble o un matrimonio desigual. Por ahí empieza y termina en drama. |