| CONOCIMIENTO.
Poco perfil intelectual
652632Betty Brannan Jaén
LaprensaDC@aol.com
WASHINGTON, D.C. - Entre los 4 mil académicos especializados en temas latinoamericanos que concurrieron la semana pasada a un gigante congreso en San Juan, Puerto Rico, solo tres éramos panameños. En verdad, confieso, solo había dos panameños porque yo —que soy periodista, no académica— estaba colada en esa fiesta.
Más que una fiesta, yo lo describiría como una orgía de intelectualidad si la frase no sonara tanto fea como pretenciosa. Era el XXVI Congreso del Latin American Studies Association (LASA), que en el espacio de solo cuatro días presentó casi mil paneles sobre temas históricos, ambientales, políticos, literarios, culturales, antropológicos y sociológicos. En cualquier momento del día había aproximadamente 30 paneles andando simultáneamente y cada uno presentó un promedio de tres ponencias o ensayos, además de que había paralelamente un festival de cine latinoamericano. La gran mayoría de los participantes eran profesores de universidades estadounidenses, aunque había también una representación significativa de universidades latinoamericanas y europeas.
Lamentablemente, ninguna institución académica panameña envió representantes. Se me dijo que esta es la situación usual en los congresos de LASA (que se celebran cada 18 meses) y que la razón es falta de fondos. Por suerte, la perspectiva panameña tuvo voz a través de dos académicos panameños que figuraban entre las delegaciones de universidades estadounidenses, Carlos Guevara Mann (Universidad de Nevada) y Osvaldo Jordán (Universidad de Florida).
Esa escasa voz panameña se unió a un escaso perfil panameño en el temario del congreso porque de los 3 mil trabajos y ensayos que fueron presentados, Panamá fue el tema de solamente 10. Aun así, Guevara Mann y Gloria Rudolph (una antropóloga de la Universidad de Pittsburgh que ha venido estudiando Panamá desde los años 70) opinaron que ese pequeño perfil era alentador comparado a congresos anteriores.
Y lo que se habló de Panamá era para mí un buffet delicioso de ideas e informaciones nuevas, donde aprendí muchísimo. Guevara Mann presentó un trabajo que compara el liderazgo del panameño Arnulfo Arias y el puertorriqueño Luis Muñoz Marín, ambos "líderes carismáticos", según el análisis de Guevara Mann. El trabajo presentado por Rudolph fue un estudio de patrones de migración interna en Panamá, mientras que otra participante en el mismo panel —Cecilia Green, de la Universidad de Pittsburgh— explicó patrones de migración en Barbados, incluyendo la migración a Panamá de obreros afrocaribeños para la construcción del Canal. Lok C.D. Siu, de New York University, disertó sobre "el siglo chino" en Panamá.
Entre los académicos jóvenes, dos trabajos analizaron expresiones artísticas del nacionalismo panameño. Peter Szok, de Texas Christian University, habló del libro que está escribiendo sobre arte popular panameño y su influencia en nacionalismo, concentrándose en las pinturas de los buses "diablos rojos" como expresión de la identidad afropanameña. Francesca Rivera, de la Universidad de California en Berkeley, presentó un ensayo sobre la música autóctona panameña en las celebraciones del Centenario.
Otro académico joven, Thomas Ruppert, analizó la tenencia comunal de tierras por los kuna de la comarca Madungandí; el panameño Osvaldo Jordán ha trabajado también en ese estudio. La joven Kayla Price, de la Universidad de Texas en Austin, describió el desarrollo de una forma escrita del idioma kuna.
Además, dos trabajos examinaron temas vinculados al Canal de Panamá. Paul Sutter, de la Universidad de Georgia, vinculó la erradicación del mosquito durante la construcción del Canal a las ambiciones imperialistas de Estados Unidos y Sylvia Tesh, de la Universidad de Arizona, examinó el peso de los argumentos ambientalistas dentro del movimiento contra la ampliación canalera.
Más adelante quiero escribir en más detalle sobre algunos de estos trabajos pero hoy, por falta de espacio, solo los dejo con la idea de que Panamá tiene que encontrar la fórmula para que más académicos panameños participen del intercambio intelectual que ocurre en congresos de este tipo.
No solamente para la vitalidad intelectual de nuestras universidades sino también —a nivel ciudadano— para enriquecer nuestra capacidad de auto-análisis, crear puentes internacionales de entendimiento, y refutar las ideas erradas de aquellos extranjeros que nos examinan como si fuéramos pececitos en una pecera, me parece vital que la comunidad académica panameña contribuya a y se beneficie del esplendido buffet de ideas que yo vi en San Juan. Washington excluyó a los académicos cubanos al negarles visa —acto imperdonable para un Gobierno que dice creer en libertad académica— pero Panamá se auto-excluyó de manera igualmente lamentablemente.
Hagamos un esfuerzo por asegurar que esto no se repita en el próximo congreso de LASA, que será a finales de 2007 en Boston.
La autora es corresponsal de La Prensa
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