La elección del nuevo defensor del Pueblo deja dudas, tanto en el proceso de selección, como en la escogencia misma. La falta de un verdadero escrutinio de los candidatos, y los acuerdos partidistas, dan margen a toda suerte de especulaciones sobre las influencias políticas o, mejor dicho, los intereses políticos o de determinados grupos en este nombramiento.
La Defensoría del Pueblo tiene una misión particular en favor de los derechos humanos, con énfasis en los grupos minoritarios y vulnerables. El defensor debe ser una persona cuya experiencia, trayectoria y reputación asegure este mandato.
El bagaje que trae consigo el elegido, así como sus primeras declaraciones públicas, despiertan preocupación. Ante esto, la ciudadanía tiene que ser vigilante pues la institución ha servido de bastión y resguardo a los débiles, sin sectarismos; de allí su bien ganada reputación. No podemos permitir retrocesos. Solo la práctica demostrará lo acertado o no de la elección. Por lo pronto, esperamos una Defensoría activa en su papel como garante y como contrapeso de los poderes. |