| EDUCACIÓN.
Un museo de matemática y ciencias
Juan Antonio Tack
Comienzo con la aclaración de los asuntos siguientes: 1.- No soy abogado como lo creen algunas personas que dicen conocerme o han escuchado que yo fui ministro de Relaciones Exteriores. Me gradué en filosofía e historia y seguí la rama que conduce a las ciencias naturales. 2.- No soy graduado en matemática ni en ninguna de las ciencias naturales más conocidas. Simplemente, he sido y soy aficionado a esas importantes porciones del saber humano. 3.- Fui uno de los tres socios fundadores de la Asociación Panameña de Aficionados a la Astronomía (APAA), la cual está bajo el patrocinio de la Universidad Tecnológica de Panamá. 4.- Mi sustento intelectual se encuentra en el racionalismo y el método científico, que es uno solo. 5.- Por lo antes expuesto, considero que tengo derecho por lo menos a opinar con respecto al contenido de lo que enuncia el título de este artículo.
La idea de expresar lo que pienso por conducto de esta opinión me surgió leyendo las informaciones publicadas y comentadas sobre la gran cantidad de fracasos y resultado mediocre de la gran mayoría de estudiantes en las pruebas de ingreso de la Universidad de Panamá y la Universidad Tecnológica de Panamá. Además el diario La Prensa, en su edición del lunes 6 de marzo de 2006, Sección Nacionales, página 10A, publicó lo siguiente: "Padres preocupados por alto índice de fracasos… La falta de vocación de algunos educadores, la desintegración familiar, escuelas en mal estado, falta de materiales didácticos y de laboratorio, además de las huelgas y los problemas sociales, son los factores que inciden en el bajo rendimiento escolar de los estudiantes de escuelas oficiales de la provincia de Colón". Esos factores, con el análisis de cada uno, se pueden aplicar al resto de la República de Panamá, pero agregando otros, como los siguientes: El exceso de carnavales y días libres durante todo el año; la proliferación de sectas dogmáticas antiracionalistas y anticientíficas que se dedican a moldear la mente de muchos jóvenes a su imagen y semejanza, y la mala influencia de muchos programas de televisión en la estructura mental de nuestros niños y adolescentes, especialmente a través de su amalgama comercial con prácticas supersticiosas, (astrología, brujería, santería, el tarot, etc.).
El sistema educativo de nivel primario y medio es incapaz, por sí solo, de preparar sólidamente a los niños y jóvenes panameños en el complejo estudio de la matemática —que tiene más de tres mil ramas en la actualidad— y las ciencias naturales, inclusive dentro de sus denominaciones genéricas más conocidas (física, química y biología). Para ser breve y por respeto al espacio para escribir, señalo solamente dos ejemplos de la complejidad que menciono antes: Para llegar al dominio de cualquiera ciencia natural es requisito indispensable entender las ecuaciones diferenciales, especialmente en derivadas parciales, que constituyen el lenguaje de las ciencias. En física es básico comprender las semejanzas y diferencias entre la física clásica y la física cuántica, así como qué significan en verdad las Teorías Especial y General de la Relatividad, que Einstein desarrolló entre 1905 y 1912, pues la noción de "relativo" es diferente a lo que la gente común cree.
Algunos dirigentes en los países avanzados le han dado mucha importancia, desde hace dos siglos, al establecimiento y funcionamiento eficaz de los museos de matemática y ciencias naturales como complemento indispensable de la enseñanza escolar. Esos museos, por su presentación física y llamativa, atraen mucho la atención de los niños y jóvenes y pueden exponer de forma concreta los descubrimientos estelares en la historia de la matemática y de las ciencias naturales. Y, por lo general, al lado del museo se encuentra el planetario, también muy atractivo para niños y jóvenes, quienes pueden observar allí directamente cómo funciona el universo.
Con la introducción que antecede lanzo entonces la idea de establecer en Panamá un buen Museo de Matemática y Ciencias Naturales, institución que sería muy diferente al museo que ha existido durante muchos años en la Avenida Cuba, al Museo Antropológico Reina Torres de Araúz y al Museo de la Biodiversidad en proyecto, con todo el repeto que estas entidades me merecen. Seguramente se pensará de inmediato en el costo de una obra de esa naturaleza. Pero estoy convencido de que si se unen esfuerzos de Gobierno, universidades, empresa privada, y se presenta un proyecto bien elaborado en algun organismo internacional, por ejemplo, la Unesco, existiría la posibilidad de que la idea se convirtiera en realidad.
En cuanto al funcionamiento, ¿qué se haría? Recuerdo que en febrero de 1986 visité a mi hija mayor quien estudiaba en una universidad en Boston. Ella me llevó a conocer el extraordinario Museo de Ciencias Naturales (con su planetario al lado) de esa bella ciudad estadounidense. En el recorrido me llamó la atención observar un motor abierto de propulsión a chorro.
Se me acercó un señor de cierta edad para explicarme, con mucha paciencia, cómo funciona ese motor. Luego me entregó una tarjeta personal y me explicó que él era ingeniero aeronáutico jubilado y, como muchos otros en las diferentes secciones del museo, prestaba su servicio gratuito para beneficio de la comunidad y especialmente de los estudiantes. Pienso en la cantidad de profesionales jubilados en Panamá, que pudieran brindar servicios semejantes al del ingeniero de Boston.
Estoy seguro de que en Panamá existe un número suficiente de personas que entienden este tema —lo cual es básico— y pudiesen tener interés en ayudar a desarrollarlo, o ¿me equivoco?
El autor es ex canciller de la República
Además en opinión
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