| RESPETO CIUDADANO.
El tránsito y los policías
I. Roberto Eisenmann, Jr.
El manejo del tráfico en cualquier ciudad del mundo es una especialidad que requiere de estudios y el estar al tanto de todos los inventos que en esta materia se dan en el globo terráqueo.
Recuerdo que en una ocasión ILDEA ofreció un programa sobre tránsito, organizado por el primo Rodrigo Eisenmann y el arquitecto Ernesto De la Guardia III. La primera sorpresa que nos llevamos fue darnos cuenta que el caos del tránsito se daba primeramente porque intervenían muchos organismos estatales y ninguno tenía la responsabilidad, así es que ninguno se sentía con la responsabilidad de rendir cuentas a la sociedad. Lo otro que aprendimos es que existían panameñas y panameños que se habían especializado profundamente en el tema, con estudios en Estados Unidos, Europa, Japón, etc., pero que - comprobando nuestra vergonzosa situación de sub-desarrollo, con los cambios de gobierno perdían el empleo o eran trasladados a puestos ajenos a la especialización tan costosa para nuestro Estado porque no eran del partido gobernante "del momento" o porque "querían el puesto para alguien del partido" (que sabía de tránsito lo que sé yo de sembrar melones).
Otro problema era el de autoridad: una entidad se gastaba miles de miles de balboas comprando semáforos súper modernos que vía computadoras ajustaban —según la intensidad del tráfico— el tiempo en el cambio de luces, pero al instalarlos como plan piloto llegaba un policía y decidía apagar los semáforos para dirigir el tráfico según su "sofisticado" criterio.
Luego de debatir el tema por muchísimas horas, se concluyó —entre otras cosas importantes— que el tránsito de la ciudad era un asunto tan importante y tan costoso en horas de producción y de angustia para nuestra población, que merecía con urgencia la puesta de todo lo relativo al tránsito y transporte en una sola institución para procurar evitar el caos y lograr ubicar la responsabilidad y el rendimiento de cuentas en una sola cabeza. También se acordó que la Policía de Tránsito debía salir de la Policía Nacional y responder al ente único de tránsito y transporte.
Luego de muchos años se logró lo de la entidad única y se creó la Autoridad Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre; a pesar de sus tropezones siento que muy pronto iniciará la ejecución de la modernización del transporte publico (que lleva ya muchos años de estudios). Si pudo Curitiba, y pudo Bogotá más recientemente, no hay razón para que Panamá no resuelva ya. Pero… y aquí viene el gran pero: la policía sigue bajo la dirección de la Policía Nacional, con su propio programa de dirigir el tránsito, totalmente desvinculado —o así parece— de la Autoridad Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre.
Otra vez —y no sé por qué razón— los policías apagan los semáforos y aplican no un reloj sino la vista para limpiar completamente el flujo de una vía antes de dar paso a la otra, creando unos tranques monumentales que sólo aflojan cuando todos desde los autos trancados y desesperados se prenden a sus pitos, creando un escándalo de gigantescas proporciones para que el policía se de cuenta que se le pasó el tiempo y resuelva, o coja una rabieta y demore más el tranque como para que nos "pique". Además, nadie les ha avisado que los círculos son precisamente para que los carros circulen. Llega un policía y tranca el círculo convirtiéndolo en intersección, y tranca el tránsito. Para ir a Mi BANCO en San Miguelito paso por el círculo de la Boyd-Roosevelt que trabaja de maravillas… hasta que un policía decide cuadrar el círculo y el tranque llega hasta Panamá Viejo. La solución ya está inventada. No tiene ciencia. Sólo requiere de una dosis de respeto por la ciudadanía. Al director de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre y al jefe de la Policía Nacional les toca resolver este desastre que es el pan nuestro de cada día. Por favor, ahórrenle al país la pérdida de millones de balboas en productividad, y muchísima angustia... ¡mañana es tarde!
El autor es presidente de la Fundación para la Libertad Ciudadana
Además en opinión
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