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Reportaje especial
Panamá, jueves 16 de marzo de 2006
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Diez años haciendo opinión

Campo Elías Estrada
cestrada@prensa.com

OPINIÓN. Cuando estaba estudiando periodismo en la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá solía leer algunos columnistas. Por mencionar a algunos, me llamaba la atención los editoriales de La Estrella de Panamá que escribía Víctor Raúl Vásquez, o la columna de Guillermo Sánchez Borbón, en La Prensa: "En Pocas Palabras", y en el fútbol seguía las opiniones de Rafael Toala (q.e.p.d) que escribía con el seudónimo de Iván Cancha la columna: "Cosas de fútbol", también en la decana.Hacía mis pininos en la publicación de Campus, de la Facultad de Comunicación, donde terminé involucrándome en el deporte por una oportunidad que me brindó Efraín Paz Ruiz (q.e.p.d).

Más adelante se me abrieron las puertas en La Prensa para escribir, particularmente, del deporte que más me apasiona: el fútbol. Cinco años después de agitarme en el periodismo deportivo sentí el cosquilleo de sumergirme más en la información. Notaba que no bastaba con las noticias cotidianas de un partido o cualquier otro tipo de cobertura.

Quería entrometerme. Hacer sentir mi posición. Mi intención, me decía en mis adentros, era llegar a ser una especie de voz de los que no tenían voz. Era mi objetivo. Mi editor de entonces, Nicolás Espinosa, me dio el empujón cuando un día me exhortó que opinara, me decía que era una manera de hacerse un nombre en el periodismo. No lo pensé dos veces, hice mi primera columna "Tiro a gol" en un día como hoy, el 16 de marzo de 1996, y desde entonces este espacio ha salido prácticamente una vez por semana, casi de manera ininterrumpida en los últimos 10 años.

Así comencé a hacer opinión de un deporte que para 1996 no tenía la popularidad de ahora, aunque sí los mismos problemas de dirigencia y de infraestructura. La coberturas periodísticas estaban mejorando respecto a 1991 cuando inicié mis labores de cronista deportivo. Después de diez años la impresión que me queda es bonita, porque estoy haciendo lo que más me gusta. Ha sido una agradable experiencia interactuar con los lectores, que al final es a los que uno se debe. Recuerdo que en un inicio me dejaban algunas cartas en la recepción de este diario o me hacían una que otra llamada por teléfono, ahora es más ágil la comunicación a través del correo electrónico.

Reconozco que como cualquier debutante sentí temor involucrarme en temas polémicos, pero los años lo van haciendo a uno, por eso sentí la idea de adentrarme en los asuntos del fútbol, llámese la Anaprof, federación de fútbol, jugadores, afición o lo que saliera. Algunas veces las críticas me han traído rencillas, principalmente con la dirigencia, pero las he sabido afrontar como parte de mi profesión, porque ante todo, mis enjuiciamientos los he concebido utilizando siempre un vocabulario diplomático y de altura, sin faltarle el respeto a nadie.

Opinar tiene sus consecuencias porque cuando uno se involucra en temas conflictivos o critica a un jugador o a la selección, siempre se va a quedar bien o mal con una u otra parte. Lo principal es que en este espacio lo hemos hecho con elegancia, mal o bien, pero expresando siempre mi opinión personal, sin tapujos, sabiendo que siempre se va a estar expuesto a las críticas.A través de estos diez años he tratado de orientar, educar, exhortar, aconsejar, siempre poniendo nuestro punto de vista lejos del pasionismo, ensalsando lo bueno y criticando lo que en determinado momento veo que es lesivo para este deporte.

Diez años después siento regocijo al ver cómo este deporte se ha popularizado a pasos agigantados, y la manera como se ha masificado en los medios de comunicación. Siento alivio cuando veo que mi objetivo de hace diez años se está consumando. Lo palpo a través de los correos y de personas con las que converso. Siento que se me está cumpliendo lo que pensé cuando hacía mis primeros pininos, que era poder llegar a ser la voz de todos esos lectores y aficionados, que no pueden opinar, pero que encuentran en el columnista el vínculo para que se diga lo que ellos, por razones obvias, no pueden decir.

El autor es periodista




 
 
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