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Panamá, jueves 16 de marzo de 2006
 

ALEMANIA Y ESTADOS UNIDOS.

Examen de la ‘realpolitik’

647211Richard Bernstein

BERLÍN. Hace unos cuantos días, por breves momentos, la atención de este país se volcó sobre una de esas situaciones extrañas y en este caso totalmente macabra que reflejan el estado de la conciencia colectiva alemana.

A principios de la semana pasada, un tribunal de Frankfurt falló que debía prohibirse la película basada en un incidente de canibalismo ocurrido en Alemania en 2001. La razón, dijo el tribunal, "que el filme habría invadido la privacidad personal" del hombre, Armin Miewes, quien mató y se comió a un hombre quien a sabiendas se ofreció para ese destino.

La decisión del tribunal de poner la privacidad de un caníbal confeso por encima del derecho del público a ver una película puede ser correcta o equivocada. Lo que de seguro reflejó en este país, cuyo pasado nazi siempre está silenciosamente presente, es una de las características más conspicuas de Alemania: un deseo intenso y perdurable por la autoridad moral para hacer lo correcto.

Ese deseo parece estar también detrás del extraño escándalo político que se ha estado desarrollando las últimas semanas, generado por las revelaciones de que el gobierno alemán, que se opuso a gritos a la invasión de Irak, liderada por los estadounidenses, estuvo suministrando inteligencia en forma constante a Estados Unidos durante la guerra.

Los partidos de oposición exigen una investigación parlamentaria exhaustiva aunque sólo tienen los votos suficientes para empujarla en el Parlamento por encima de las estrenduosas objeciones del gobierno.

De los elementos que impulsan el escándalo, al menos así parece, está el interés político de los partidos de oposición. Sin embargo, la intensidad con la que se siente en esta ciudad parece inseparable de la preocupación de este país por la moral en la política.

Alemania es un lugar donde, hace un par de años, el jefe de la policía de una gran ciudad fue destituido porque amenazó con torturar al secuestrador de un niño de nueve años si no revelaba dónde lo tenía.

Claro está, como fue reconocido ampliamente, el jefe de la policía actuaba en interés del niño, quien, resultó ser, ya había sido asesinado. No obstante, el policía perdió su empleo, no por torturar al secuestrador sino por amenazar con hacerlo.

Al parecer, una moral absolutista similar es lo que está detrás del escándalo político.

Sin embargo, un argumento sólido que algunos aquí plantean es que lo que la ex coalición izquierdista hizo al oponerse públicamente a la invasión de Irak, pero ofrecer ayuda en forma privada a Estados Unidos una vez que comenzó no fue, después de todo, el acto de la auténtica hipocresía que muchos alemanes dicen que fue.

Realmente es tan impactante, dice el argumento, que un gobierno alemán haya hecho con sigilo lo que pudo para ayudar a su aliado estadounidense, mientras que al propio tiempo mantenía unida la alianza atlántica e incluso proporcionaba alguna información militarmente útil que puede ser que haya salvado algunas vidas estadounidenses. Sin duda que aun cuando el gobierno hubiese actuado mal, había algunas buenas razones para lo que hizo.

Sin embargo, la intensidad del sentimiento producido por este asunto parece reflejar que el público alemán identifica tanto a la guerra iraquí con una abominación moral que al parecer estos contrargumentos parecen avanzar poco.

"Los alemanes tienen una visión mundial, y en este momento, una parte principal de ella es que el gobierno de Bush es malo y que Alemania es una voz para la razón y la moralidad", dijo Gary Smith, director de la Academia Estadounidense en Berlín y un observador de la escena alemana durante 20 años.

"La ironía es que los alemanes piensan de sí mismos que son practicantes de la realpolitik (política exterior basada en intereses prácticos)", dijo Smith centrándose en el interés propio práctico en lugar de la moralidad. Y con todo, su actitud en este caso está divorciada de la realidad. La realpolitik sin realidad.

"En el panorama, la visión del mundo se combina con un elemento histórico que quizá no se aprecia bien fuera de Alemania, y es la importancia, en especial en la izquierda del espectro político, de lo que se percibió ampliamente aquí como el valiente no" que el gobierno anterior dio a Bush y a la invasión de Irak.

Hay un grado de pacifismo profundamente arraigado en este país, cuyo horror colectivo por la guerra está conectado con los recuerdos lacerantes tanto de la agresión como del sufrimiento alemanes en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, el hecho de que los socialdemócratas hayan dicho no a la guerra aun cuando cooperaban con ella, es para muchos alemanes un golpe especialmente salvaje. Los priva de una de las piedras angulares de su identidad política, y no ofrece nada para sustituirla.

"Lo que más distinguió siempre al Partido Socialdemócrata bajo todos sus líderes, desde Willy Brandt hasta Schroeder, fue que era el partido de la paz", dijo Wolfgang Nowak, director del Foro Internacional del Deutsche Bank y ex asesor de Gerhard Schroeder.

Cuando cancilleres, Brandt ganó el Premio Nobel de la Paz por fraguar el acercamiento de Alemania occidental con Europa del este, y Schroeder hizo campaña contra la guerra de Irak.

"Era mandato divino que los socialdemócratas mantendrían a Alemania fuera de la guerra", dijo Nowak. Esa es la razón por la que muchas personas votaron por Schroeder en las elecciones de 2005, aun cuando no estaban de acuerdo con su política económica, porque él fue quien encaró a los estadounidenses y dijo: "¡No a la guerra!".

"Y ahora parece que ese mismo gobierno le dio a los estadounidenses todo lo que pidieron y sólo negaron las cosas que no pidieron", continuó Nowak. "Eso va a la identidad de los socialdemócratas como partido de la paz, y esta identidad ahora está amenazada".

The New York Times News Service

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