| JUSTICIA.
Lo que perdimos
Carlos Iván Fuentes
La repentina muerte de Slobodan Milosevic en una celda del complejo de la ONU en La Haya ha desatado una intensa discusión sobre el impacto que hubiese tenido la decisión del Tribunal Penal Internacional para la Ex Yugoslavia referente a las acusaciones en su contra.
Coincido totalmente con la opinión de la fiscal ante aquel tribunal, quien afirmó que la muerte de Milosevic evitará que se haga justicia en su caso.
En mi opinión hemos perdido algo más que la oportunidad de hacer justicia, se ha escapado también el momento para crear derecho. Aunque el solo hecho de que Milosevic fue llevado a juicio ante aquel tribunal constituye un kilométrico avance para el derecho penal internacional, la esperanza del precedente jurisprudencial que pudiera haber tenido un veredicto (independientemente si hubiese sido a favor o en contra) se ha desvanecido.
Definitivamente la era de la impunidad ha acabado, la creación de la Corte Penal Internacional y los juicios llevados contra el propio Milosevic y Saddam Hussein son prueba irrefutable de ello. Sin embargo, resta mucho que hacer para mostrar a los líderes de Estado y gobierno del mundo que la comunidad internacional no tolerará atrocidades como las cometidas en Yugoslavia. No olvidemos que actualmente el ex presidente liberiano Charles Taylor sigue prófugo de la Corte Especial para Sierra Leona.
En su mensaje a raíz de la muerte de Milosevic, la fiscal ha dejado claro que los crímenes por los cuales el ex mandatario fue acusado no pueden quedar impunes, y recordó que siguen prófugos otros presuntos responsables como Radovan Karadzic y Ratko Mladic.
Más allá de toda consideración legal está el interés de las víctimas sobrevivientes del conflicto de los Balcanes, quienes verán cómo el principal sospechoso de idear, permitir, apoyar y ordenar los crímenes cometidos en aquella guerra pasará a la historia junto a los 66 cargos de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad que le fueron atribuidos mas nunca finalmente decididos en derecho.
Esperemos que esta irónica jugada del destino sirva para lograr finalmente la paz en los Balcanes y la reconciliación entre los pueblos que allí conviven.
El autor es abogado
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